De referentes a privilegiados: qué hay detrás de la 'caída de los influencers' en España
Durante años, ser creador de contenido implicaba, entre otras cosas, lograr que millones de personas quisieran imitar su estilo de vida. Viajes, restaurantes, ropa, viviendas, productos y una apariencia de vida perfecta inundaban las redes sociales, mientras sus protagonistas convertían la cercanía con sus seguidores en un negocio rentable.

Este verano, sin embargo, las cosas han cambiado. Una parte de esa audiencia ha empezado a cuestionar abiertamente a quienes antes consideraban referentes, y las redes se han llenado de críticas hacia algunos de los creadores de contenido más conocidos de España. El fenómeno ha recibido incluso un nombre propio: “la caída de los influencers”.
La “caída” de los influencers en España
En TikTok, Instagram y X proliferan los vídeos que analizan la situación. Algunos usuarios llaman a dejar de seguir a determinados perfiles; otros revisan las últimas polémicas o ponen en tela de juicio el estilo de vida que exhiben. En todos estos mensajes se percibe una misma sensación: quienes se hicieron famosos por aparentar ser personas corrientes están siendo vistos ahora como una nueva élite alejada de la realidad de sus seguidores.
El malestar tiene varios frentes. La publicidad ocupa una buena parte de las críticas, al igual que las opiniones sobre temas que los creadores no dominan, la sensación de que sus contenidos se han vuelto repetitivos y, sobre todo, la distancia entre la vida que proyectan en internet y la de quienes están al otro lado de la pantalla.
La socióloga Paulina Valencia sitúa precisamente en esa pérdida de proximidad una de las claves para entender el fenómeno. Cuando una persona comienza a seguir a un creador, suele hacerlo porque encuentra elementos con los que se identifica. Esa identificación genera una comunidad y una sensación de cercanía que constituye gran parte del atractivo de las redes sociales.
Sin embargo, esa relación puede deteriorarse cuando la realidad mostrada por el creador se aleja de la de su audiencia. El éxito económico ha permitido que algunos influencers pasen de grabarse en su habitación o en escenas cotidianas a construir auténticas empresas alrededor de su imagen, trabajar con grandes marcas, viajar constantemente y acceder a productos y experiencias fuera del alcance de la mayoría de sus seguidores. Cuanto mayor es esa profesionalización, más difícil resulta conservar la sensación de que siguen siendo “uno más”.
Valencia señala también dos factores que explican el cansancio del público: la pérdida de autenticidad y la repetición de los contenidos. Lo que inicialmente se percibía como espontáneo termina convirtiéndose, en algunos casos, en un formato predecible donde se suceden campañas, viajes, restaurantes, productos y códigos de descuento.
Los famosos que llegaron para sustituir a otras celebridades tradicionales
La paradoja está en el origen del propio fenómeno. Los influencers conquistaron parte del espacio de las celebridades tradicionales porque ofrecían algo que estas no podían proporcionar. Frente a actores, cantantes o presentadores prácticamente inaccesibles, YouTube y, posteriormente, Instagram y TikTok permitieron entrar en la habitación, la cocina o el salón de una persona aparentemente corriente.
Fabiana Sevillano, una de las creadoras que ha participado en el debate sobre la “caída de los influencers”, recordaba que su éxito estuvo relacionado precisamente con el cansancio hacia unas celebridades percibidas como privilegiadas y con la aparición de personas “más de a pie”.
El problema es que algunos de esos creadores han alcanzado audiencias, ingresos y estilos de vida que los colocan en una posición muy distinta a la de sus primeros seguidores. Sevillano se convirtió este verano en ejemplo de esa desconexión tras recibir críticas por afirmar que había disfrutado “solo un mes de verano” frente a los tres meses que, según ella, disfrutó “la gente”.
Para ella, la cultura de la cancelación y la polarización también alimentan el fenómeno. La atención negativa, al fin y al cabo, sigue siendo atención: mientras las polémicas generen vídeos, comentarios y reproducciones, sus protagonistas continúan ocupando espacio en las plataformas.
Un verano de polémicas
La conversación no habría adquirido la misma dimensión sin una sucesión de controversias que ha convertido este verano en una tormenta perfecta.
Rocío López, conocida en redes como “Roro”, es uno de los nombres que ha quedado atrapado en ella. Tras convertirse en una de las creadoras españolas con mayor crecimiento gracias a sus vídeos de cocina, las críticas acumuladas en los últimos meses también se han reflejado en su comunidad.
Las cifras deben manejarse con cautela porque no proceden directamente de TikTok. TikReport, una herramienta externa de estimación, situaba en algo más de 80 000 los seguidores perdidos por la creadora en siete días a mediados de agosto.
- Fabiana Sevillano habría perdido alrededor de 19 000 seguidores.
- Natalia Palacios, cerca de 18 000.
- Carlos García, conocido como “Carliyo el Nervio”, una cifra similar.
En el caso de este último, el detonante llegó después del eclipse total de sol del 12 de agosto. El creador sugirió que la enorme atención dedicada al acontecimiento podía funcionar como una “cortina de humo” frente a los problemas políticos del país. La afirmación desató una oleada de críticas y volvió a poner sobre la mesa la distancia entre los discursos de ciertos influencers y su propia situación personal.
Cuando el rechazo llega a las marcas
El caso de Joaquín Domínguez, “El Xokas”, muestra que las consecuencias pueden ir más allá de la pérdida de seguidores. El streamer quedó en el centro de una polémica en julio por varios comentarios realizados en sus directos, entre ellos unas declaraciones sobre la actriz Ester Expósito y una respuesta en la que presuntamente afirmó haber ganado “más en una promo de Burger King que tú en 20 años trabajando”.
Esta vez, la reacción vino de la propia marca. Burger King anunció el fin de su colaboración con el creador y retiró el producto promocional asociado a su nombre, asegurando que sus palabras no representaban los valores de la empresa.
El episodio evidencia uno de los puntos más sensibles para los creadores: el número de seguidores es importante, pero gran parte de su negocio depende también de su reputación. Un influencer resulta atractivo para una empresa porque puede trasladar a la marca parte de la confianza que mantiene con su comunidad. Si esa confianza se deteriora, el problema deja de limitarse a unos cuantos unfollows.
¿Están realmente cayendo los influencers?
Pese al nombre que ha recibido el fenómeno, los datos obligan a matizar cualquier anuncio sobre el final de los creadores de contenido. No existe, por ahora, una caída generalizada de sus audiencias que permita hablar de un hundimiento del modelo. Los principales perfiles españoles continúan reuniendo millones de seguidores, generando enormes cantidades de reproducciones y trabajando con grandes compañías.
Durante años, buena parte del éxito de estos creadores se construyó sobre un pacto implícito con sus seguidores: podían viajar, trabajar con grandes marcas o alcanzar millones de reproducciones, pero mantenían la sensación de ser personas cercanas.
Ahora, una parte de esa audiencia parece menos dispuesta a aceptar determinadas contradicciones. Cuestiona la publicidad, compara discursos, recupera vídeos antiguos y convierte en cuestión de horas una frase desafortunada en una conversación seguida por miles o millones de personas.
Las mismas plataformas que permitieron a los influencers crear comunidades gigantescas también les han dado a esas comunidades la capacidad de organizar su rechazo. Los creadores de contenido siguen teniendo millones de seguidores y una enorme capacidad para dirigir la conversación en internet.
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