El emotivo discurso de Antonio Banderas ante el papa levanta en aplausos al Movistar Arena: "Soy víctima del hechizo de Dios"
Antonio Banderas, el reconocido actor malagueño, culminó su intervención el pasado domingo ante el pontífice León XIV con una frase que quedó grabada en la audiencia: «Hoy estoy aquí confesando haber sido víctima del hechizo de Dios». El artista, además, subrayó que «el arte debe ser una alternativa a la violencia».
El discurso de Banderas se enmarcó dentro del encuentro “Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, la economía y el deporte”, celebrado en el Movistar Arena. En su intervención destacó que la relación entre la Iglesia y el arte ha sido determinante a lo largo de la historia y afirmó que «la Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la humanidad».
Principales ideas del discurso
El actor recordó el musical “Godspell”, que dirigió recientemente y cuya traducción literal al español es «hechizo de Dios». Según Banderas, el espectáculo, creado en el país de origen del pontífice, encarna la fuerza transformadora que la fe y la cultura pueden ejercer sobre la sociedad.
Asimismo, agradeció al Papa por haber reunido a representantes de la sociedad civil en un acto que describió como «necesario». En este sentido, el actor insistió en que el arte no se limita a la belleza, sino que también constituye «pregunta, reflexión, contraste y revolución», y que debe ser una vía para canalizar la energía que de otro modo podría derivar en violencia.
Al referirse a la tradición cristiana, Banderas afirmó: «Así como lo hizo el propio Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar su papel crítico frente a la sociedad, al propio arte y a la religión». Estas palabras fueron acompañadas por los aplausos del público presente.
En el cierre de su intervención, el actor rindió un guiño a la Orden de San Agustín, a la que pertenece León XIV, citando al santo: «Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo». Tras el discurso, Banderas estrechó la mano del pontífice y recibió un obsequio como muestra de reconocimiento.
Recordó también sus raíces malagueñas, evocando la Semana Santa de su infancia, las saetas y el sentir popular de búsqueda de Dios. Definió a Cristo como «un ícono de paz, de amor y de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable».
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