Entra en vigor el nuevo reglamento de envases: qué cambia a partir de ahora con los alimentos envasados

Desde el miércoles 12 de agosto de 2026 comienza a regir en toda la Unión Europea el nuevo Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR). La normativa introduce exigencias inéditas sobre la fabricación, el uso, la reutilización y el reciclado de los envases que forman parte de la vida cotidiana, aunque su puesta en marcha será gradual: algunas de las obligaciones más contundentes no serán obligatorias hasta 2027, 2028 o, en el caso del reciclado total, 2030.

El procedimiento que llevó a la aprobación del reglamento se inició en noviembre de 2022, cuando la Comisión Europea presentó la propuesta dentro del marco del Pacto Verde Europeo y del Plan de Acción para la Economía Circular, tras una consulta pública que arrancó en 2020. Tras casi dos años de negociaciones, el Parlamento Europeo adoptó el texto en abril de 2024 con 476 votos a favor, 129 en contra y 24 abstenciones. El apoyo mayoritario provino de partidos populares, socialdemócratas, liberales, verdes y de la izquierda, mientras que la oposición se concentró en los grupos de extrema derecha. La decisión final quedó sellada por el Consejo Europeo en diciembre de 2024.

Principales aspectos del Reglamento (UE) 2025/40

El Reglamento (UE) 2025/40 sustituye a la Directiva sobre Envases de 1994 y, por primera vez, establece normas comunes de aplicación directa en todos los Estados miembros. Publicado el 22 de enero de 2025, entró en vigor el 11 de febrero del mismo año, pero su aplicación general se pospuso hasta 18 meses después, plazo que finaliza el 12 de agosto de 2026.

Según datos oficiales de la UE, en 2022 cada habitante generó una media de 186,5 kg de residuos de envases, y alrededor del 40 % del plástico utilizado en Europa se destinó a embalajes y recipientes. Frente a estas cifras, Bruselas considera imprescindible pasar de un modelo basado en la gestión y el reciclado de residuos a uno que actúe desde la fase de diseño, reduciendo los envases innecesarios y fomentando su reutilización y rellenado. El objetivo es que, a partir de 2030, todos los envases comercializados en el mercado único sean reciclables.

El reglamento también busca armonizar requisitos sobre etiquetado, composición y reciclaje, evitando que cada Estado establezca normas distintas que dificulten el funcionamiento del mercado interior.

El primer cambio efectivo es la restricción de determinadas sustancias PFAS en los envases en contacto con alimentos. Estos “químicos eternos”, valorados por su capacidad para repeler agua y grasa, pueden persistir en el medio ambiente y en los organismos, y estudios científicos los han relacionado con posibles efectos adversos para la salud.

Entre los productos que desaparecerán gradualmente está la venta de sobres individuales de salsas y condimentos (ketchup, mayonesa, mostaza, azúcar, sal) en establecimientos de hostelería, así como las tarrinas monodosis de mantequilla, miel, mermelada, azúcar o leche para café. También se prohibirán los envases de una sola dosis de champú, gel, jabón o pasta de dientes que habitualmente se entregan de forma gratuita a los huéspedes de hoteles.

No obstante, la normativa no elimina por completo las monodosis. Se mantendrán en casos de mayor necesidad ambiental, como en pedidos para llevar, servicios de entrega a domicilio, hospitales, clínicas, residencias y otros centros sanitarios donde la higiene lo justifique. Asimismo, los comercios podrán seguir ofreciendo productos monodosis siempre que cumplan los criterios de reciclabilidad y sostenibilidad establecidos.

A partir de 2027, los locales que ofrezcan alimentos o bebidas para llevar deberán aceptar que los clientes utilicen sus propios recipientes sin aplicar recargos y, además, deberán disponer de un sistema de envases reutilizables que incluya la recogida, el lavado y la reutilización.

Desde febrero de 2028, ciertos envases que normalmente se desechan junto a los residuos orgánicos deberán estar fabricados para ser compostables. La medida afecta, entre otros, a las bolsitas permeables para té y café y a algunos sobres monodosis que se desechan con el producto que contienen.

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