Francia planea dar a los amigos los mismos derechos que a la familia
El concepto de “amist”, que recoge la amistad como una relación de apoyo mutuo comparable a los lazos de parentesco, ha cobrado protagonismo en Francia tras la presentación de una iniciativa parlamentaria que busca reconocerla legalmente y regular los derechos y obligaciones de los amigos que decidan formalizarla.

Una propuesta legislativa sin precedentes
Clémence Guetté, diputada del partido Insoumise, lleva tiempo analizando la transformación de nuestras redes sociales y la forma en que la política debe adaptarse a esas nuevas formas de convivencia. En su reciente ensayo “Por una política de la amist” argumenta que la familia tradicional está sobrevalorada y que, hoy, existen múltiples formas de organización de la vida que la legislación ignora por completo.
Con esa premisa, Guetté ha presentado una proposición de ley que otorga personalidad jurídica a la “amist” entre personas que lo deseen, creando un marco legal que permita a los amigos acceder a beneficios similares a los que disfrutan los familiares directos.
Los puntos clave de la iniciativa son:
- Reconocimiento de ceremonias existentes, como el bautismo civil, como actos vinculantes para la amistad.
- Creación de un contrato llamado “partenariado” o “asociación social”, que permite a los amigos heredar en igualdad de condiciones que los parientes de sangre.
- Obligación de asistencia y ayuda mutua sin necesidad de convivencia, compatible con otras formas de unión civil, como el matrimonio o la pareja de hecho.
- Derechos laborales específicos, entre los que se incluyen permisos por defunción, nacimiento o cuidados de una persona dependiente, aplicables a los amigos.
Aunque la viabilidad política de la propuesta es limitada en el contexto actual, su presentación abre el debate sobre la institucionalización de la amistad y sus implicaciones sociales.
Ejemplos concretos ilustran la necesidad de este reconocimiento. Cecilia, una argentina de 49 años que trabaja en Madrid, comparte su vivienda y la gestión de una cooperativa con su amiga Erika. A pesar de vivir con sus respectivas parejas, ambas consideran a la otra su principal apoyo y, en caso de enfermedad o fallecimiento, desearían poder disponer de los mismos derechos que tendría un familiar directo. Actualmente, la falta de un marco legal les obliga a recurrir a la figura de pareja de hecho, que no cubre todas sus necesidades, como la redacción de testamentos vitales o la solicitud de permisos laborales por cuidados.
Otro caso es el de Perla Haimovich, una mujer de 79 años que emigró de Argentina a España en 1980. Con una red de amigas que se comunican diariamente a través de un grupo de WhatsApp llamado “Fatal, gracias”, Perla ha creado una red de apoyo mutuo que le ha permitido superar la soledad y la incertidumbre, especialmente durante la pandemia. Para ella y sus compañeras, la amistad funciona como una familia elegida que brinda compañía, ayuda práctica y apoyo emocional.
El neurocientífico Mariano Sigman, coautor del libro “Amist”, también reflexiona sobre la importancia de reconocer legalmente estos lazos. Señala que, aunque la institucionalización podría limitar la libertad que caracteriza a la amistad, es fundamental que la sociedad empiece a valorar y proteger estos vínculos, especialmente en momentos de duelo o enfermedad, donde el apoyo de un amigo puede ser tan crucial como el de un familiar.
En conclusión, la propuesta francesa abre una puerta a la discusión sobre cómo las legislaciones pueden adaptarse a las formas contemporáneas de convivencia y apoyo mutuo, reconociendo la amistad como una relación digna de protección jurídica y social.
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