José Pedro Manglano, fundador de Hakuna: "No somos la continuación del Opus, pero de algún modo hay una herencia"
José Pedro Manglano, conocido entre sus seguidores como Don Josepe, tiene 66 años y dirige desde Las Rozas el movimiento musical y pastoral llamado Hakuna. En una entrevista concedida a El Independiente, el sacerdote explica que la vida y la música forman un “binomio inseparable” y revela las dos claves que, según él, han permitido que cientos de jóvenes de todo el mundo se sientan atraídos por este proyecto.
Desde sus inicios, Hakuna no ha perseguido el objetivo de producir música comercial. “Lo que hay es vida, ilusión y muy poco protagonismo”, asegura Manglano, quien insiste en que la intención siempre ha sido vivir la fe y compartirla a través del canto, más que buscar éxitos en las listas.
Hakuna: entre la música y la fe
El cuartel general de Hakuna, instalado en un antiguo convento de mártires concepcionistas, se ha convertido en un punto de encuentro para jóvenes que esperan la llegada del pontífice a la capital. Algunos residen allí; otros acuden únicamente para reunirse con sus compañeros y participar en las actividades que el movimiento organiza: misas, cursos formativos y labores de voluntariado. Los integrantes se autodenominan “pringos”. Para Don Josepe la propuesta es como un naranjo: “La música es el fruto, lo más visible y lo que se lleva a la boca, pero también hay raíces, tronco, ramas y hojas”.
El proyecto surgió en 2013, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Río de Janeiro, coincidiendo con el primer año del pontificado de Francisco. Desde entonces, el Papa ha mantenido una relación cercana con Hakuna, enviando una carta de aliento en la que les pedía “no aflojar” y reuniéndose en privado con Manglano. Esa cercanía se mantiene, aunque el sacerdote aún no ha tenido la oportunidad de conocer personalmente al pontífice que sustituirá a Francisco.
En cuanto a su origen, Manglano subraya que Hakuna no nació de una intención de crear una nueva corriente: “Nunca quisimos crear nada nuevo, queríamos vivir la fe y disfrutar siguiendo a Cristo”. Con el tiempo, los miembros percibieron que había surgido una “criatura” que necesitaba ser acogida y nutrida, comparándola con el proceso de gestación de una mujer.
El movimiento ha sido comparado con el Opus Dei, aunque el sacerdote rechaza esa etiqueta. Fue miembro del Opus Dei hasta 2020, pero asegura que Hakuna constituye una “realidad distinta”. “Un hijo no es la continuación de su padre; hay herencia, pero también una vida nueva”, explica, señalando que la organización se mantiene laica dentro de la Iglesia y que las críticas que recibió el Opus Dei por su carácter “súper moderno y revolucionario” fueron, en parte, una inspiración para la propuesta de Hakuna.
Según Manglano, la misión de Hakuna va más allá del escenario. Los conciertos en prisiones, centros de atención a personas con discapacidad y hogares de niños sin familia son, para él, los momentos más significativos: “Tienen un sabor especial porque allí la música se convierte en testimonio de presencia”. Estas actuaciones son parte de la estrategia del movimiento para “ofrecer un fruto” al pontífice que visitará la ciudad.
El sacerdote reconoce que el resurgimiento de la fe entre los jóvenes no es mérito exclusivo de Hakuna. “Somos solo una gota dentro del mar”, afirma, aunque defiende que la propuesta ha contribuido a que muchos jóvenes, que habían percibido la religión como “seca y formal”, descubran una fe viva, comparable a “el tronco que permanece de pie aunque esté seco”.
Las críticas que acusan al movimiento de priorizar la alegría y el disfrute sobre el compromiso espiritual son, para Manglano, “muy divertidas”. Reconoce que las opiniones externas pueden ser útiles, pero advierte que algunas pueden estar “malintencionadas” y no deben dictar la hoja de ruta de Hakuna.
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