La Comunidad de Madrid implantará un sistema de pago inteligente en el transporte público que calculará la tarifa más barata
La Comunidad de Madrid ha dado un paso decisivo hacia la modernización de su red de transporte. El Consejo de Gobierno ha autorizado la contratación de una asistencia técnica especializada, con una inversión de 2,7 millones de euros, para diseñar e implantar un sistema de pago inteligente basado en la tecnología Account‑Based Ticketing (ABT). Se trata de una de las transformaciones tecnológicas más relevantes de los últimos diez años en la región.

El nuevo modelo, cuya puesta en marcha está prevista para el último trimestre de 2027, cambiará radicalmente la experiencia de los usuarios en el Metro, los autobuses y los servicios de Cercanías. Su principal novedad será calcular y aplicar de forma automática la tarifa más ventajosa para cada viajero, según los desplazamientos realizados. Con ello, los usuarios ya no tendrán que adquirir billetes físicos, recargar previamente tarjetas o decidir con antelación el tipo de abono que les resulte más rentable.
Funcionamiento del sistema ABT
Gracias a la tecnología ABT, el acceso a la red de transporte se realizará directamente mediante tarjetas bancarias, smartphones u otros dispositivos digitales, eliminando por completo la necesidad de un medio físico tradicional.
El contrato de asistencia técnica aprobado tendrá una duración inicial de tres años, con la posibilidad de prorrogarse hasta un máximo de cinco. El equipo externo de especialistas será responsable de asesorar, supervisar y monitorizar todo el desarrollo del proyecto en apoyo al Consorcio Regional de Transportes de Madrid (CRTM), garantizando el cumplimiento de los plazos y los más altos estándares de calidad y operatividad.
Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que contempla una inversión global de 42,7 millones de euros por parte del Gobierno regional. Con este presupuesto, la Comunidad de Madrid busca adaptar sus servicios a los nuevos hábitos de movilidad urbana y equiparar su infraestructura de transporte público a los estándares tecnológicos de grandes capitales internacionales que ya disponen de sistemas similares, como Londres, Nueva York, Toronto o Singapur.
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