La investigación que revela las maniobras de Israel para triunfar en Eurovisión: "Se han apropiado del festival"
Una investigación publicada por The New York Times ha puesto en evidencia la estrategia del gobierno israelí para utilizar el Festival de Eurovisión como instrumento de influencia política y diplomática. Según el informe, la administración de Benjamin Netanyahu ha coordinado campañas de publicidad, presión diplomática y movilización del voto desde el inicio de la guerra en Gaza, con el objetivo de reforzar la imagen internacional de Israel en un momento de creciente aislamiento.
Lo que reveló la investigación
Los reportes, redactados por Mara Hvistendahl y Alex Marshall tras entrevistar a más de 50 fuentes y examinar documentos internos de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), describen una campaña sostenida que se intensificó tras la ofensiva israelí de octubre 2023. Entre los hallazgos destacan:
- Un desembolso de al menos un millón de dólares provenientes de la oficina de hasbára, el aparato estatal encargado de la proyección internacional del relato israelí, destinados a anuncios en redes sociales, videos promocionales en varios idiomas y mensajes para animar a los ciudadanos a votar el máximo permitido.
- La coordinación directa de ministerios israelíes y embajadas europeas para bloquear intentos de boicot al país, presionando a televisiones públicas y gobiernos, especialmente en España, para evitar su exclusión del concurso.
- Una red de organizaciones afines al sionismo político, cuentas institucionales y asociaciones de la diáspora que impulsaron la candidatura de Yuval Raphael en Eurovisión 2025, logrando 297 de 357 puntos gracias al televoto, pese al deterioro de la imagen de Israel en la opinión pública europea.
- Mensajes explícitos como “¡Vota 20 veces!” difundidos por grupos como StandWithUs y apoyados por el propio Netanyahu en sus redes sociales mientras anunciaba nuevas operaciones militares en Gaza.
El informe también señala que David Saranga, jefe de diplomacia digital del Ministerio de Relaciones Exteriores, admitió años atrás la implicación directa de su departamento en campañas para movilizar el voto eurovisivo en varios idiomas europeos.
En 2026, la estrategia parece haber continuado. La televisión pública israelí KAN recibió una advertencia formal de la UER después de que se difundieran videos en los que el representante israelí, Noam Bettan, invitaba a los espectadores a concentrar los diez votos permitidos por dispositivo exclusivamente en la candidatura de Israel. La UER solicitó la retirada inmediata de dichos materiales por considerarlos una violación de las normas aprobadas tras la polémica de 2025.
El director de Eurovisión, Martin Green, calificó la campaña como “desproporcionada”, aunque negó que haya alterado el resultado final. No obstante, el Times argumenta que en algunos países bastarían unos pocos cientos de votos repetidos para cambiar la clasificación.
El impacto político también se ha reflejado en el escenario del concurso. Islandia, España, Irlanda, Países Bajos y Eslovenia han decidido no participar este año como protesta contra la presencia de Israel, mientras que la UER optó por una reforma técnica del televoto –reducir el número máximo de votos por espectador y limitar campañas promocionales excesivas– en lugar de someter a votación la continuidad de Israel, una medida que, según la presidenta de la UER, Delphine Ernotte Cunci, “es la solución más democrática posible”.
Con el debut de Noam Bettan en la primera semifinal del 12 de mayo, y su probable paso a la final del 16 de mayo, el debate sobre la influencia política en Eurovisión sigue abierto. La investigación del New York Times pone de relieve cómo el concurso, tradicionalmente ajeno a la política, se ha convertido en un campo de batalla simbólico donde se disputan narrativas y se busca reforzar la legitimidad internacional de un Estado en conflicto.
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