Mohamed VI, un rey desgastado con un heredero sin experiencia: la explosiva sucesión de un Marruecos al límite
El lunes pasado el rey Mohamed VI presidió una ceremonia en la que se recordó el aniversario del fallecimiento de su padre, el rey Hassan II. Cuando Mohamed VI ascendió al trono, a los 36 años, se presentaba como el artífice de una modernización profunda de Marruecos. Casi tres décadas después, el país atraviesa una creciente incertidumbre y descontento, y la fragilidad del monarca se hace cada vez más visible.

Las imágenes del rey, visiblemente cansado, frente a la tumba de su progenitor, han encendido las alarmas. Su estado de salud, que se conocía en los círculos cercanos, se ha convertido en tema de rumor. En los últimos años se le han practicado varias intervenciones y, según diversas fuentes, podría padecer sarcoidosis —una enfermedad que produce fatiga y pérdida de peso— o la enfermedad de Hashimoto, un trastorno autoinmune de la tiroides. La más reciente aparición pública sugiere que su condición se ha deteriorado.
Desafíos de la sucesión y el futuro de la monarquía
A sus 63 años, la sucesión ya no parece una hipótesis lejana. Algunas voces en la esfera pública han planteado la posibilidad de que el rey abdique en favor de su hijo, el príncipe Moulay Hassan. La idea rara vez se menciona en el palacio, donde se evita hablar de un relevo inminente.
El príncipe, de 23 años, ha sido presentado como el futuro heredero. En mayo fue nombrado oficialmente coordinador del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, después de haber sido ascendido al rango de coronel. Son pasos similares a los que siguió Mohamed VI antes de ocupar el trono.
Una educación privilegiada marcó su infancia. Al igual que su padre, asistió al Colegio Real, la institución situada dentro del palacio donde la mayoría de los miembros de la familia real estudian. Allí aprendió varios idiomas y recibió instrucción en la fe islámica, una preparación que se considera esencial para el primogénito.
Según Omar Brouksy, autor del libro *Fin de règne*, el Colegio Real también funciona como red de contactos entre los hijos de una “pequeña élite de cortesanos” seleccionados por el rey para acompañar al heredero hasta la universidad. “Algunos de ellos formarán parte del séquito real y ejercerán una influencia decisiva sobre las futuras decisiones políticas del monarca”, asegura el investigador.
Este círculo de poder, conocido como el Makhzen, está formado por las personas más cercanas al rey y ejerce un peso considerable en la toma de decisiones. La influencia que estos asesores tengan en la futura corte de Hassan III dependerá en gran medida de la personalidad del príncipe. “Las decisiones las tomará el rey, pero contará con un sólido asesoramiento”, puntualiza Brouksy.
En el entorno personal del heredero destaca Lalla Salma, exesposa del rey. Tras su polémico divorcio en 2018, desapareció de la vida pública y fue apodada “la princesa fantasma”. En 2024 reapareció en unas fotografías tomadas durante unas vacaciones en Grecia junto a sus hijos, Moulay Hassan y la princesa Lalla Khija, y a principios de año se la vio asistiendo a un partido de la Copa Africana de Naciones.
Christophe Ay y Frédéric Bobin, en *Le roman d’un roi* (publicado en mayo y reseñado por Le Monde), describen a Lalla Salma como una mujer de “personalidad fuerte y carácter firme”. Aunque su influencia política aún es incierta, su estrecha relación con el futuro rey podría modificar las dinámicas de poder dentro de la familia real, que en el pasado ha sido objeto de campañas de desprestigio por parte de ciertos círculos del Makhzen.
El rey Mohamed VI ya mostró, en sus inicios, su disposición a eliminar a figuras poderosas cuando consideró que representaban una amenaza. Tres meses después de su coronación, destituyó al ministro del Interior Driss Basri, quien había sido una pieza clave del régimen de Hassan II.
Aun con el apoyo del Makhzen, el príncipe todavía carece de experiencia. Actualmente estudia relaciones internacionales en la Universidad Mohammed VI Politécnica (UM6P), una institución privada de alto coste que, según el mismo Brouksy, “está diseñada para los hijos de familias acomodadas”. La matrícula supera los 10 000 euros al año, una cifra que contrasta con el salario medio del país, que apenas alcanza los 700 euros mensuales.
En 2024, Moulay Hassan fue el encargado de recibir al presidente chino Xi Jinping durante una escala en Casablanca. La prensa marroquí aprovechó el momento para subrayar la preparación diplomática del príncipe, aunque la visita no se repitió y, según un diplomático citado por *Le roman d’un roi*, la escena estuvo “cuidadosamente calculada para no enviar señales de un traspaso de poder entre Mohamed VI y su hijo”.
Los resultados de las recientes elecciones legislativas reflejan un panorama complicado para el futuro Hassan III. El país enfrenta una crisis de precios y salarios que dificultan la vida cotidiana. La juventud, en particular, muestra un descontento creciente; una mayoría de menores de 30 años considera la emigración como la única salida para buscar mejores oportunidades.
El rey Mohamed VI inició su mandato con una apertura tímida que, con el tiempo, se fue desvaneciendo. Actualmente, el monarca parece alejado del sufrimiento de su pueblo, y la población no cree que el relevo dinástico por sí solo solucionará los problemas estructurales.
Algunos analistas sugieren que el futuro Hassan III podría adoptar una postura más cercana a la ciudadanía, dado que pertenece a una generación distinta a la de su padre y abuelo, y vive en un contexto sociopolítico y económico diferente. Sin embargo, rechaza la idea de que exista un proyecto para recuperar Ceuta y Melilla, afirmando que “son españolas y el palacio sabe que no podrá reclamarlas, ni a corto ni a largo plazo”.
En definitiva, las decisiones y el estilo político del próximo rey determinarán el rumbo de Marruecos, mientras el Makhzen sigue consolidando su influencia y el país permanece inmerso en una lógica de afirmación del poder real.
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