¿Por qué hay personas frioleras y otras calurosas?

En muchos hogares, oficinas y reuniones surge un debate constante sobre la temperatura ambiente: mientras algunos buscan una chaqueta, otros abren la ventana porque sienten calor. Esa diferencia no se debe a caprichos, sino a la forma en que cada organismo percibe y regula la temperatura.

Índice

Cómo regula el cuerpo la temperatura

El organismo humano intenta mantener una temperatura interna estable, normalmente entre 36,5 °C y 37,2 °C. Este equilibrio lo controla el hipotálamo, una zona del cerebro que actúa como un termostato. El hipotálamo recibe información de los receptores térmicos de la piel y de la sangre y, según lo detectado, activa distintos mecanismos.

Cuando el cuerpo percibe frío, ordena la vasoconstricción de los vasos sanguíneos periféricos, especialmente en manos y pies, para conservar el calor y proteger los órganos vitales. En cambio, al detectar calor, se desencadena la sudoración y la vasodilatación, facilitando la pérdida de calor.

Puntos Clave
  • El hipotálamo actúa como termostato, recibiendo señales de los receptores cutáneos y sanguíneos y desencadenando vasoconstricción o sudoración para mantener la temperatura interna entre 36,5 °C y 37,2 °C
  • Factores como el metabolismo basal, la proporción músculo‑grasa, la circulación sanguínea y la adaptación al entorno determinan si una persona siente más frío o calor
  • Una vasoconstricción exagerada en los vasos

Factores que influyen en la percepción de frío o calor

¿Por qué hay personas frioleras y otras calurosas?
  • Metabolismo basal: un metabolismo más alto genera más calor en reposo; uno más bajo hace que la persona sienta frío con mayor facilidad.
  • Composición corporal: el músculo, por su alta actividad metabólica, produce calor; la grasa actúa como aislante térmico.
  • Circulación sanguínea: una respuesta exagerada de vasoconstricción puede enfriar rápidamente extremidades.
  • Adaptación al entorno: la exposición gradual a distintas temperaturas mejora la termorregulación.

La circulación también juega un papel importante. Muchas personas que se quejan de “mala circulación” lo hacen porque sus vasos periféricos se contraen intensamente ante el frío, lo que enfría manos y pies. Esto no siempre indica una patología, aunque la aparición repentina de dolor, cambios de coloración o pérdida de sensibilidad sí merece una valoración médica. En caso de dedos que se vuelven blancos o azulados con el frío y duelen, podría tratarse del fenómeno de Raynaud, que requiere diagnóstico y tratamiento.

La buena noticia es que el cuerpo puede adaptarse. Exposiciones controladas a temperaturas contrastantes, como duchas frías y calientes alternadas, favorecen una mejor respuesta termorreguladora. Además, hábitos como la actividad física regular, evitar el sedentarismo y asegurar un descanso adecuado contribuyen a equilibrar la sensación térmica.

En la mayoría de los casos, ser “friolero” o “caluroso” es una variante normal de la fisiología humana y forma parte de la “identidad biológica” de cada persona. Sin embargo, si la tolerancia al frío o al calor cambia de forma abrupta o se acompaña de síntomas como cansancio extremo, palidez, palpitaciones, pérdida de peso o anemia, es aconsejable consultar al médico. Estas manifestaciones pueden estar relacionadas con alteraciones de la tiroides, trastornos metabólicos o endocrinos, entre otros.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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