Un vecino de Almendralejo casado y con un hijo, ordenado primer diácono permanente de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz
La Archidiócesis de Mérida-Badajoz vivió este sábado una jornada histórica. El arzobispo monseñor José Rodríguez Carballo presidió en la Catedral Metropolitana de Badajoz la ordenación de Juan Antonio Morquecho, quien se convierte en el primer diácono permanente en la historia de esta archidiócesis extremeña.

Primer diácono permanente de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz
Morquecho, natural de Almendralejo, tiene 55 años, está casado y es padre de un hijo. Su caso rompe con el modelo tradicional del diaconado, que suele ser una etapa transitoria hacia el presbiterado. La Iglesia, sin embargo, reconoce la figura del diácono permanente, una opción abierta tanto a hombres célibes como a casados o viudos que desean servir sin pasar al sacramento del orden sacerdotal.
Para los candidatos casados la normativa canónica exige un mínimo de cinco años de vida conyugal y una edad mínima de 35 años; para los célibes, la edad mínima es de 25 años. Además, la ordenación no puede realizarse después de los 60 años. En el caso de Morquecho, el consentimiento explícito de su esposa, quien también debe poseer las virtudes necesarias para acompañar el ministerio, fue indispensable. El canon también establece que los diáconos viudos que recibieron la ordenación quedan inhabilitados para contraer un nuevo matrimonio.
Funciones del diácono permanente

Los diáconos permanentes combinan su labor eclesiástica con su vida civil, por lo que pueden ejercer cualquier actividad profesional que no contradiga los principios de su ministerio. Sus tareas se organizan en tres grandes pilares: liturgia, palabra y caridad. De este modo, Morquecho podrá asistir al obispo y a los sacerdotes, administrar el bautismo, servir la comunión, presidir matrimonios y ritos funerarios, proclamar la homilía, instruir a los fieles y participar en obras de ayuda a los más necesitados.
La ordenación culmina un riguroso proceso de selección y formación. Tras ser admitidos por el obispo, los candidatos inician un año de discernimiento tutelado, dedicado a profundizar en la teología, la espiritualidad y el ministerio diaconal bajo la supervisión de la comisión diocesana.
Con la ordenación de Morquecho, la archidiócesis extremeña se suma a una realidad eclesial que cuenta ya con cerca de 600 diáconos permanentes en toda España. Aunque la figura ha crecido de manera sostenida desde su restitución tras el Concilio Vaticano II, su presencia sigue siendo desigual, concentrándose principalmente en archidiócesis como Sevilla, Barcelona y Valencia. El perfil de Morquecho coincide, además, con el estándar nacional: la mayoría de los diáconos permanentes españoles son hombres casados que concilian sus labores pastorales con sus respectivas carreras profesionales en la vida civil.
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