China quiere dominar el mundo y dejar atrás a EE.UU

La escritora Jung Chang, autora del célebre libro *Cisnes salvajes*, ha publicado su nueva obra *Vuelan los cisnes salvajes*, un relato íntimo y político que combina memoria familiar con un agudo análisis del actual rumbo de China bajo el liderazgo de Xi Jinping. A través de una narración cargada de emoción y denuncia, Chang, nacida en 1952 como Xi, traza un paralelismo entre sus vidas: ambos hijos de la élite comunista, ambos testigos del trauma de la Revolución Cultural, pero con destinos radicalmente distintos. Mientras ella se convirtió en una voz crítica desde Occidente, él ha asumido el control absoluto del Partido Comunista chino.

El libro surge de una necesidad personal y histórica. Tras la llegada de Xi Jinping al poder en 2013, Chang sintió que se cerraba la era de apertura iniciada por Deng Xiaoping en 1978 y que comenzaba una nueva etapa marcada por el retorno a los métodos autoritarios del maoísmo. "Sentía que había terminado una época de reformas y amistad con Occidente, y que comenzaba otra, de control, vigilancia y ambición imperial", confiesa en una entrevista con *El Independiente*. Fue entonces cuando decidió retomar la historia que inició en *Cisnes salvajes* para actualizar no solo su propia vida, sino también el destino de su madre y, por extensión, el de China.

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Un regreso al maoísmo con ambiciones globales

Chang no duda en calificar el actual régimen de "neomaoísmo": una reactivación del culto al líder, la propaganda estatal y el sueño de convertir a China en una superpotencia hegemónica. "Mao quería dominar el mundo, pero no pudo porque el país era pobre. Ahora Xi cree que puede cumplir ese sueño gracias al poder económico y tecnológico de China", señala. Para ella, esta ambición no es solo política, sino también ideológica: Xi ha resucitado la narrativa maoísta, incluso cuando su propio padre fue víctima de las purgas del pasado.

La autora denuncia cómo, desde 2012, se ha ido borrando cualquier crítica a la Revolución Cultural y se ha rehabilitado una imagen edulcorada de Mao. "Xi intenta convencer al pueblo de que aquel periodo fue positivo, a pesar de que él mismo sufrió exilio y su padre estuvo encarcelado. Pero la lealtad al partido está por encima de la memoria", advierte. Esta manipulación del pasado, según Chang, forma parte de una estrategia para mantener el control absoluto del Partido Comunista sobre la sociedad.

La vigilancia y el exilio interior

Las visitas de Chang a China se han vuelto cada vez más restrictivas. Tras la publicación de su biografía de Mao en 2005, comenzó a ser vigilada de cerca por los servicios de seguridad del Estado. "Ya no era libre. Solo podía ver a mi madre. Iba acompañada a todas partes. Era como vivir en una burbuja de aislamiento", recuerda. La situación se agravó en 2018, cuando Xi fue nombrado líder supremo permanente y se aprobó una ley que castiga con prisión cualquier "insulto" a figuras revolucionarias como Mao. "Sabía que si volvía, no saldría viva. No como prisionera física, sino como prisionera del sistema", afirma.

Este miedo la llevó a tomar una decisión dolorosa: no regresar. En 2024, su madre falleció sin que Chang pudiera despedirse en persona. La despedida fue a través de una videollamada. "Me dijo: 'No vengas. No vuelvas por esto'. Era su forma de protegerme, como siempre lo hizo", relata con emoción. El libro es, en gran medida, un homenaje a esa mujer que, siendo comunista desde los 16 años, acabó decepcionada por el sistema que defendió. Su motivación inicial —el fin del estigma de la concubina, su propia madre— chocó con la realidad: incluso dentro del partido, las mujeres como ella seguían siendo marginadas.

La purga militar y el círculo de confianza roto

  • Desde que Xi Jinping asumió el poder, ha llevado a cabo cientos de purgas dentro del Partido y el ejército.
  • En los últimos años, ha desaparecido o cesado a gran parte de la cúpula militar, en una limpieza sin precedentes.
  • El caso más simbólico es el del general Zhang Youxia, hasta entonces el número dos del ejército y amigo de la infancia de Xi.
  • Chang subraya que su caída es significativa: era un "príncipe rojo", hijo de un alto dirigente maoísta, y representaba la base social del poder de Xi.
  • La purga de figuras tan cercanas sugiere una creciente paranoia y un deseo de eliminar cualquier posible disidencia, incluso en los círculos más íntimos.

Según Chang, estas purgas no buscan corregir la corrupción, sino asegurar la lealtad absoluta. "Xi se está deshaciendo de personas que son como él: hijos de la élite, con acceso al poder económico y político. Pero si ellos pueden desafiarlo, nadie está a salvo". Este proceso, añade, también afecta al modelo económico: el capitalismo chino está controlado por una red de élites familiares, y Xi está eliminando a quienes podrían rivalizar con su autoridad.

El despertar de Occidente

Chang también advierte sobre el peligro que representa la expansión tecnológica china, especialmente a través de empresas como Huawei. "Depositamos demasiada confianza en sus infraestructuras. No es solo comercio, es estrategia: quieren dominar las comunicaciones globales como paso previo a imponer su modelo político", afirma. Sin embargo, cree que Xi enfrenta obstáculos insalvables: "Ha encontrado mucha resistencia. Dudo que logre su objetivo de hegemonía mundial".

Pese a su dureza crítica, Chang rechaza ser etiquetada como disidente. "Soy una escritora que busca la verdad y la cuenta con honestidad", dice. Su padre, antes de morir, les advirtió a sus hijos: "Si muero así, no creáis más en el Partido Comunista". Esa frase, para ella, resume el drama de una generación que creyó en una utopía y terminó traicionada. Su libro, entonces, no es solo un testimonio personal, sino una advertencia: el pasado no ha terminado, y las pesadillas del autoritarismo pueden volver si no se las enfrenta con memoria y coraje.

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