México y Canadá unen fuerzas con la UE contra Trump
Las crecientes tensiones entre la Unión Europea y Estados Unidos, especialmente en temas como Groenlandia y la política arancelaria impulsada por Donald Trump, no deben desviar la atención de la importancia de fortalecer las relaciones transatlánticas. Más aún, no deben convertirse en un pretexto para que Europa se incline excesivamente hacia China. En este escenario de inestabilidad, la apuesta por alianzas estratégicas con América Latina y América del Norte adquiere un papel fundamental. El impulso del acuerdo con el Mercosur, actualmente suspendido por el Parlamento Europeo, refleja la voluntad europea de consolidar su autonomía económica y política. Pero ese camino no puede ignorar a Norteamérica, donde más allá de Estados Unidos existen socios clave como México y Canadá.

Una alianza estratégica en tiempos de incertidumbre
La economía mexicana, profundamente integrada con la estadounidense —cerca del 80% de sus exportaciones van a ese destino—, enfrenta una situación de vulnerabilidad ante los cambios en la política comercial de Washington. Las amenazas de aranceles, la revisión del T-MEC y la lentitud en los cruces fronterizos afectan gravemente sectores industriales clave en estados como Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes, San Luis Potosí, Ciudad Juárez, Tijuana y Reynosa. Las empresas, especialmente proveedores de niveles 2 y 3, han detenido expansiones por temor a que sus productos pierdan el estatus de “originarios” y enfrenten aranceles que van del 2,5% al 25%. Asimismo, la política fiscal de Estados Unidos, orientada a repatriar inversiones, ha ralentizado el dinamismo del corredor industrial Monterrey-Saltillo.
No obstante, estas tensiones han abierto una oportunidad para México como alternativa comercial frente a China y la propia Unión Europea. Con aranceles agresivos impuestos por Trump a otros socios, México se ha convertido en un “mal menor” para las importaciones estadounidenses, manteniendo su posición como principal socio comercial de EE.UU., aunque con márgenes reducidos. Esta realidad crea un espacio para que la UE y México fortalezcan una alianza basada en intereses mutuos: mientras Europa busca diversificar sus cadenas de suministro y reducir su dependencia de EE.UU. y China, México necesita expandir sus mercados y ganar soberanía económica.
Infraestructura, tecnología y confianza
- El grupo de trabajo mexicano-alemán en infraestructuras de calidad es un ejemplo claro del rumbo que debe seguir la cooperación europea.
- Alemania está apoyando la digitalización de procesos, el comercio electrónico, la electromovilidad y el desarrollo de inteligencia artificial en México.
- Estas iniciativas no solo impulsan el crecimiento sostenible, sino que también aumentan la confianza de inversores europeos, incluyendo actores clave como Francia, España y Portugal.
El desarrollo de infraestructuras modernas y eficientes en México es esencial para atraer inversiones a largo plazo y consolidar un comercio bilateral más equilibrado. Actualmente, la UE representa solo el 5% de las exportaciones mexicanas, pero su rol va más allá del intercambio comercial: se posiciona como un aliado estable, con valores compartidos en foros internacionales como el G20, y comprometido con el multilateralismo frente a un orden global cada vez más fragmentado.
Canadá, socio clave en el norte
En paralelo, Canadá emerge como un aliado estratégico esencial para la Unión Europea, especialmente tras las tensiones generadas por las posturas de Trump. El Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) ha sentado las bases de una relación robusta, que hoy se extiende a la defensa y la seguridad. Canadá se ha integrado formalmente a programas europeos de compras conjuntas de equipo militar y colabora activamente en la vigilancia y defensa del Ártico, una región de creciente relevancia estratégica.
El discurso de Mark Carney en Davos marcó un antes y un después: planteó una visión compartida entre Europa y Canadá frente al auge de los “hombres fuertes” en la política global. Para Carney, las potencias medias no pueden actuar en solitario; su supervivencia institucional depende de la construcción de bloques. Esta idea no responde a una postura ideológica, sino a una necesidad operativa en un mundo donde el unilateralismo y la coerción amenazan el orden multilateral.
Así, tanto el Acuerdo Global Modernizado entre México y la UE como el respaldo europeo al liderazgo de Carney en Canadá reflejan una nueva geografía de alianzas. En un contexto donde EE.UU. oscila entre la confrontación con China y la imposición de aranceles, y donde Pekín amplía su esfera de influencia, Europa, México y Canadá convergen en un espacio común: el de las democracias medias que defienden el multilateralismo, la estabilidad institucional y la autonomía estratégica. Esta convergencia no es circunstancial; es una respuesta estructural a un mundo que ya no es hegemónico ni predecible.
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