Trump amenaza atacar Irán por protestas masivas

Irán enfrenta una nueva ola de protestas sociales que ya ha dejado al menos siete muertos, más de treinta heridos y al menos 119 detenidos en sus primeros cinco días. Las manifestaciones, desencadenadas por el desplome del rial y el acelerado aumento del costo de vida, se han extendido a al menos 17 de las 31 provincias del país, convirtiéndose en las movilizaciones más amplias desde las protestas de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini. Aunque aún no alcanzan la intensidad de aquel levantamiento, las actuales protestas evidencian un creciente descontento que trasciende lo económico y toca las bases del sistema político iraní.

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De la crisis económica al desafío al régimen

Todo comenzó el 28 de diciembre, cuando comerciantes del centro de Teherán cerraron sus tiendas en protesta por la drástica depreciación del rial, que ha perdido cerca de la mitad de su valor frente al dólar en el último año. Al día siguiente, se sumó el Gran Bazar de la capital, un actor histórico en las revueltas sociales del país. Lo que inició como una protesta económica ha derivado rápidamente en un movimiento con demandas políticas explícitas, con consignas contra el líder supremo, Ali Jamenei, y el sistema teocrático.

En ciudades como Lordegán, Azná y Kouhdasht, en provincias del oeste y suroeste como Lorestán, Chahar Mahal y Bajtiarí, Hamadan, Juzestán e Isfahán, se han registrado los enfrentamientos más violentos. Videos compartidos en redes sociales muestran barricadas incendiadas, disparos en la noche y choques directos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. La agencia semioficial Fars reportó tres muertos en asaltos a instalaciones policiales, mientras que organizaciones de derechos humanos elevan la cifra y denuncian que algunas víctimas eran civiles abatidos por fuerzas de seguridad. La Guardia Revolucionaria confirmó la muerte de un miembro de la milicia Basij, acusando a los manifestantes de buscar el caos, versión rechazada por grupos opositores que sostienen que fue alcanzado por fuego oficial.

Represión, censura y dificultad para verificar información

  • El gobierno ha cerrado oficinas públicas, centros educativos y negocios en 21 provincias, oficialmente por una ola de frío, aunque muchos ciudadanos ven en esta medida un intento de desactivar las movilizaciones.
  • Las fuerzas de seguridad han usado gases lacrimógenos, cañones de agua (incluso en temperaturas bajo cero), balas de goma y, según múltiples testimonios, armas de fuego en zonas rurales.
  • El acceso a la información está severamente restringido, con censura a periodistas y bloqueos a plataformas digitales, lo que complica la verificación independiente de los hechos.

El Ministerio de Inteligencia anunció la detención de personas supuestamente vinculadas a grupos opositores en Europa y la incautación de armas, reforzando la narrativa oficial de una conspiración extranjera. Mientras tanto, el gobierno del presidente Masoud Pezeshkian ha intentado una combinación de discurso conciliador y represión: por un lado, la portavoz gubernamental anunció diálogo con comerciantes y sindicatos; por otro, la fiscalía advirtió una “respuesta decisiva” ante cualquier intento de desestabilización.

Presión externa y advertencias internacionales

El presidente estadounidense Donald Trump emitió una amenaza directa: “Si Irán dispara y asesina violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate. Estamos preparados y listos para actuar”. Esta declaración, emitida tras una reunión con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, ha sido respondida con firmeza por Irán. Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, afirmó que “la interferencia de Estados Unidos en este asunto interno significaría desestabilizar toda la región y destruir los intereses de Estados Unidos”, y advirtió a la población estadounidense sobre las consecuencias de las acciones de Trump.

Larijani también sugirió que las declaraciones de Trump y de autoridades israelíes revelan una “conspiración entre bastidores”, aunque diferenció entre el malestar legítimo de comerciantes y lo que calificó como “acciones de actores disruptivos”.

Universidades, bazares y símbolos del pasado

  • Los bazares de Teherán, Isfahán y Shiraz han sido epicentros de las protestas, con cierres masivos que paralizan la actividad económica.
  • Estudiantes de varias universidades han iniciado paros, y sectores como el transporte han expresado apoyo, amplificando la presión sobre el gobierno.
  • En algunas manifestaciones han reaparecido consignas monárquicas que mencionan al príncipe Reza Pahlavi, heredero del último sha, lo que simboliza un rechazo profundo al régimen actual.

El régimen, que califica el movimiento como una conspiración extranjera, intenta deslegitimar las protestas, pero enfrenta un contexto extremadamente delicado: años de sanciones internacionales, el programa nuclear, la guerra de doce días con Israel en junio y bombardeos estadounidenses han dejado a la economía al límite y al liderazgo político debilitado. Aunque las protestas aún no igualan la magnitud de 2022, su rápida expansión, la aparición de consignas abiertamente rupturistas y el saldo de vidas perdidas indican un escenario de alta volatilidad.

Para muchos analistas, el gobierno se encuentra ante un dilema histórico: si cede, podría perder autoridad; si reprime con dureza, arriesga intensificar el fuego social. Lo que comenzó como una protesta por el pan hoy amenaza con cuestionar los cimientos de la República Islámica.

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