Aziz Akhannouch recibido como héroe en España y acusado de corrupción en Marruecos

Este jueves, a las 10 de la mañana, el primer ministro de Marruecos, Aziz Akhannouch, llegó al Palacio de la Moncloa para una cumbre exprés con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Ambos recorrieron juntos los metros que separan la entrada del complejo hasta el interior, donde fue recibido con honores militares y el saludo de varios ministros del Ejecutivo socialista. Sorprendió, no obstante, la ausencia de representantes del partido Sumar en el acto de bienvenida. La jornada, gris y fría en Madrid, contrastó con la tensión que vive Marruecos, donde Akhannouch ha sido blanco de fuertes protestas en los últimos meses.

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Un líder polémico en medio de la crisis social marroquí

Akhannouch, de 64 años, es una figura central en la política y la economía marroquí. Hasta ahora ha combinado el cargo de primer ministro desde 2021 con la presidencia de Akwa, su conglomerado empresarial, y del partido político Reagrupación Nacional de Independientes (RNI). Su figura encarna lo que muchos críticos describen como el “capitalismo de amiguetes”: una concentración de poder político y económico en manos de una élite cercana a la monarquía de Mohamed VI. Esta simbiosis entre lo político y lo empresarial ha alimentado fuertes tensiones sociales, especialmente entre la Generación Z, que en octubre pasado salió a las calles para exigir su dimisión.

Las movilizaciones juveniles, duramente reprimidas por las fuerzas de seguridad, denunciaban no solo el manejo de los asuntos de Estado por parte de Akhannouch, sino también su papel como símbolo de una clase dirigente acusada de corrupción, beneficios ilícitos y desprecio hacia las necesidades populares. En este contexto, voces disidentes como la del activista marroquí Abdullah Abaakil no dudan en señalar que Akhannouch es “probablemente el primero que debería ser sacrificado” en un eventual cambio de rumbo político.

El imperio empresarial tras el poder político

  • Su conglomerado Akwa tiene presencia en sectores estratégicos como energía, hidrocarburos, productos químicos, inmobiliario y medios de comunicación.
  • Afriquia, su empresa de combustibles, opera una extensa red de gasolineras, mientras que Afriquia Gaz y Tissir Gaz distribuyen butano, propano y GLP.
  • También posee medios de comunicación influyentes como La Vie Eco, Aujourd’hui le Maroc y La Nouvelle Tribune, lo que le otorga un notable control sobre la narrativa pública.
  • Reporteros Sin Fronteras ha denunciado que este dominio mediático limita gravemente la libertad de prensa en Marruecos.

Las acusaciones contra Akhannouch no se limitan a su influencia económica. A lo largo de la última década, ha estado envuelto en múltiples polémicas. En 2015, la liberalización del precio de los combustibles coincidió con un aumento notable en los márgenes de ganancia de sus empresas. Aunque nunca ha sido condenado judicialmente, persistentes denuncias señalan que usa su cargo para favorecer sus intereses privados, amparado en una justicia cuya independencia está ampliamente cuestionada.

En 2018, una campaña de boicot nacional afectó a Afriquia, Danone y Sidi Ali, en protesta por sus precios y vínculos con el establishment. El fenómeno se repitió recientemente durante las manifestaciones juveniles. Entre 2022 y 2023, con la guerra en Ucrania y el alza global de los combustibles, las redes sociales amplificaron los cuestionamientos sobre sus beneficios personales. Además, se le ha acusado de malversación en programas agrícolas y de adjudicar contratos públicos —como el de desalinización de agua— a consorcios en los que su grupo tiene participación.

Una elección cuestionada y un estilo de gobierno opaco

Hicham Mansouri, periodista marroquí exiliado, destaca que el ascenso de Akhannouch al cargo siguió a unas elecciones en las que se denunció el uso del dinero para comprar votos. “Multimillonario y amigo del rey, goza de una popularidad muy baja”, afirma Mansouri. “Además de su implicación en escándalos de conflicto de intereses, carece de carisma y evita rendir cuentas. En cada crisis, se esconde tras el rey”.

La llegada de Akhannouch a Moncloa se produce en un contexto de alta opacidad: la cumbre durará menos de tres horas, no habrá rueda de prensa y ninguna de las partes emitirá declaraciones. Esta falta de transparencia ha generado alerta, especialmente en Canarias, donde hay preocupación por el apetito expansionista de Marruecos en el norte de África y su influencia creciente en zonas sensibles como Dajla, en el Sáhara Occidental, donde Akwa desarrolla grandes proyectos inmobiliarios.

Para muchos observadores, Akhannouch no es solo un líder nacional, sino la manifestación más clara de un sistema que fusiona poder político, económico y mediático sin rendición de cuentas. Su recepción en Madrid, protocolaria y cordial, choca con la imagen de un hombre impopular en su país, señalado como símbolo de una élite cada vez más desconectada de la realidad social. En palabras de Mansouri: “La pandemia, la sequía y las desigualdades han agravado la crisis, pero Akhannouch prefiere mantenerse en la sombra”.

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