Olas de calor: una prueba de fuego para la red eléctrica... y nuestra factura energética
El calor extremo ya no es un fenómeno aislado ni anecdótico. Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) confirman que, a principios de siglo, en España apenas se registraban entre ninguno y dos episodios de olas de calor al año, mientras que en la última década la media se sitúa entre tres y cuatro eventos anuales, con una mayor frecuencia, intensidad y duración. La actual ola de calor, que se ha extendido durante cuatro días, ilustra claramente esta tendencia.

Incremento de la demanda y presión sobre la red eléctrica
El aumento de la temperatura obliga a hogares, empresas y servicios públicos a recurrir a sistemas de refrigeración, lo que dispara la demanda de energía y representa un reto importante para la red eléctrica. En los últimos días, la demanda ha alcanzado picos que apenas dejan tregua horaria y se eleva de forma exponencial a lo largo de todas las franjas del día.
Según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, el gasto en refrigeración de los hogares españoles ha crecido un 40 % en los últimos tres años. En 2022, el gasto medio por vivienda era de 110 €, mientras que hoy asciende a 155 €, más del doble de los 75 € que se destinaban a aire acondicionado y sistemas de refrigeración en 2021.
Este incremento contrasta con la tendencia a la baja en el consumo de calefacción, cuyo gasto medio pasó de 680 € por vivienda en 2022 a 570 € en el año anterior, reflejando inviernos más suaves.
El uso de sistemas de aire acondicionado también ha aumentado notablemente. Hace ocho años, solo el 31 % de las viviendas contaba con este tipo de climatización; hoy la cifra se sitúa en el 41 %. En comunidades autónomas como Andalucía y la Región de Murcia, el porcentaje supera el 60 %. En el norte del país, la penetración sigue siendo baja: entre el 1 % y el 3 % en Galicia, Asturias y Cantabria, y entre el 5 % y el 13 % en el País Vasco y Navarra, según los análisis de Idealista basados en encuestas del INE.
El martes pasado, durante el momento crítico de la ola de calor, el pico de potencia instantánea exigido a la red alcanzó los 40,18 GW, un 25 % más que el martes anterior, cuando la demanda máxima fluctuaba entre 31,2 GW y 33,9 GW. Para cubrir ese exceso, Red Eléctrica de España (REE) tuvo que ofertar 9 GW adicionales, una cantidad equivalente a la potencia de nueve centrales nucleares en operación.
Durante las olas de calor, la generación eólica tiende a disminuir por la escasez de viento, y la energía solar, aunque útil, se reduce en la tarde y la noche. En consecuencia, la producción de energía a partir de ciclos combinados de gas ha tenido que compensar la falta de fuentes renovables.
Las previsiones de REE sobre la demanda de refrigeración no siempre se ajustan a la realidad. En varios momentos de la semana, la estimación inicial (por ejemplo, 29,5 GW) quedó por debajo de la demanda real (30,1 GW), obligando a solicitar refuerzos de generación para evitar riesgos de sobrecarga.
Históricamente, los episodios de calor no han provocado apagones a nivel nacional, aunque sí se han registrado fallos locales en zonas con infraestructura envejecida o sistemas de aire acondicionado poco eficientes. La presión sobre la red aumenta cuando se combinan equipos anticuados, cables y transformadores en mal estado, lo que reduce la resiliencia ante la alta demanda.
El aumento de la demanda también se refleja en los precios mayoristas de la electricidad. Según datos del Operador del Mercado Ibérico de Energía (OMIE), los precios en las horas de mayor saturación han subido de forma significativa. Mientras que en horario de mediodía los precios habituales oscilaban entre 0 y 10 €/MWh, durante la ola de calor han alcanzado los 73 €/MWh. En la franja nocturna de mayor consumo (entre las 21:00 y las 23:00 h), la cotización ha pasado de entre 70 y 90 €/MWh a los 173 €/MWh.
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