Los vaivenes de Trump devuelven al estrecho de Ormuz a la incertidumbre
El acuerdo de paz firmado entre Estados Unidos e Irán el pasado 17 de febrero se encuentra bajo una presión sin precedentes, menos de un mes después de su suscripción. La reciente escalada de hostilidades, impulsada por declaraciones agresivas del presidente estadounidense y ataques militares en el estrecho de Ormuz, ha puesto en duda la viabilidad del memorando de entendimiento que buscaba estabilizar la región.

Tensiones renovadas en el estrecho de Ormuz
El presidente Donald Trump ha reiterado su rechazo a cualquier negociación con Irán, calificando a los funcionarios iraníes de “escoria” y anunciando la posible suspensión del acuerdo. En los últimos días, la Marina de los Estados Unidos ha llevado a cabo ataques contra objetivos en territorio iraní, mientras que la Armada iraní ha respondido disparando contra varios buques que, según sus autoridades, se desvían de la ruta establecida por Irán en el estrecho de Ormuz.
Los incidentes se enmarcan en una disputa sobre la gestión del tráfico marítimo en uno de los pasos más estratégicos del mundo, donde una parte significativa del comercio de petróleo y gas pasa diariamente. La acusación de Washington es que Irán busca ejercer presión mediante la interrupción del tránsito marítimo, mientras que Teherán sostiene que los buques occidentales intentan eludir su control sin respetar los acuerdos vigentes.
Perspectiva de los analistas

- Kawa Hassan, experto en Oriente Próximo del Centro de Análisis Stimson, advierte que aunque la situación es delicada, es poco probable que se desencadene un conflicto a gran escala. “Podremos observar períodos de escalada limitada seguidos de intentos de desescalada y nuevos acuerdos temporales”, señaló a El Independiente.
- Según el analista, la fragilidad del memorando radica en la ambigüedad de sus disposiciones sobre la reapertura del estrecho. “Ambas partes firmaron con la intención de alcanzar un acuerdo rápido, pero la falta de claridad ha permitido interpretaciones contrapuestas”, explicó.
- El exasesor de política iraní en la Casa Blanca, Nate Swanson, recordó en una entrevista con el Atlantic Council que “los detalles son cruciales; la implementación de un acuerdo suele ser más compleja que su redacción”.
Por su parte, el exdiplomático iraní Hassan Hanizeh, en un análisis publicado por la agencia estatal ILNA, argumentó que la intervención estadounidense en la gestión del tráfico marítimo sin la participación de Irán vulnera los intereses nacionales de la República Islámica y constituye una violación del propio acuerdo.
Reacciones de los dirigentes iraníes
Mohammad Qalibaf, presidente del Parlamento iraní y uno de los negociadores del tratado, condenó el “acoso y la extorsión” de EE. UU. y reiteró la disposición de Irán a defender su soberanía en el estrecho. Asimismo, en diversas ciudades de Irán se han llevado a cabo manifestaciones en las que se exigen represalias contra la política estadounidense, con consignas que hacen referencia al presidente Trump.
En el discurso que pronunció en una rueda de prensa, el mandatario estadounidense volvió a emplear un lenguaje fuertemente despectivo, calificando a los iraníes de “personas enfermas” y amenazando con “cortar el cáncer” que, según él, representa Irán. También insinuó la posibilidad de atacar infraestructuras estratégicas como la isla de Kharg, punto clave para las exportaciones petroleras iraníes.
Aunque la retórica de Washington es evidente, la comunidad internacional observa con cautela. El Consejo de Cooperación del Golfo ha condenado los ataques a bases militares estadounidenses en la región, pero sus miembros carecen de una respuesta coordinada que pueda contener la escalada. Israel, que había sido el principal opositor del acuerdo, se ha mantenido en silencio respecto a los últimos acontecimientos, aunque informes de medios estadounidenses sugieren la existencia de planes para neutralizar a funcionarios iraníes clave.
En síntesis, la frágil paz lograda en febrero se enfrenta a pruebas críticas. Las declaraciones y acciones de ambas partes indican que, si bien es probable que la confrontación se mantenga en un nivel de baja intensidad, la ausencia de un marco claro y la retórica beligerante aumentan el riesgo de que la zona vuelva a convertirse en un foco de conflicto abierto.
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