El Ejército realizó en Ceuta ejercicios de control de masas dos meses antes de la entrada masiva
El Tercio Duque de Alba 2.º de la Legión, cuya base se encuentra en Ceuta, fue la primera unidad militar en ser desplegada tras el asalto a la frontera que se produjo a principios del verano, cuando aproximadamente 80 000 personas cruzaron desde Marruecos al territorio español.
Los legionarios ya contaban con el material necesario para responder a la afluencia masiva y, como adelantó El Independiente en una exclusiva del lunes 27 de julio, tres días antes del suceso se iniciaron las primeras medidas de alerta. Se suspendieron los permisos de vacaciones y varios militares que se encontraban fuera de servicio fueron reincorporados a sus cuarteles.
Entrenamiento previo a la crisis migratoria
Dos meses antes del brote migratorio, la 1.ª Compañía de la IV Bandera “Cristo de Lepanto”, integrante del Tercio Duque de Alba 2.º, llevó a cabo el ejercicio táctico EXALID I/26 en el campo exterior de Ceuta. El entrenamiento se dividió en dos fases claramente diferenciadas. En la primera etapa los legionarios operaron bajo un escenario de guerra asimétrica, realizando misiones de control de zona, contrainsurgencia, emboscadas, combates cuerpo a cuerpo y simulacros de control de masas.
La contrainsurgencia engloba un conjunto de estrategias militares destinadas a contener y neutralizar rebeliones, mientras que los ejercicios de control de masas consisten en simulacros diseñados para que las fuerzas de seguridad aprendan a gestionar, contener y dispersar concentraciones de personas en situaciones de alteración del orden público, como el asalto a la frontera de Ceuta.
El objetivo central del ejercicio fue someter a los mandos a una presión constante, obligándolos a resolver incidentes y tomar decisiones rápidas bajo exigencias físicas y mentales elevadas. Además, sirvió para evaluar la resistencia y el nivel de instrucción de la unidad, reforzando la cohesión y el espíritu de compañerismo entre los soldados.
A pesar de este entrenamiento, la falta de directrices jurídicas claras por parte del Gobierno dejó a los militares desplegados en una situación de vulnerabilidad legal. Las imágenes mostraron a los migrantes cruzar libremente mientras la presencia de las autoridades resultaba insuficiente para responder de manera eficaz.
Marco Antonio Gómez, presidente de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME), explicó a El Independiente que los soldados se encuentran “desprotegidos jurídicamente”. Advirtió a sus compañeros a actuar con cautela, pues “las órdenes se cumplen, pero al día siguiente pueden surgir acusaciones políticas que pongan en entredicho su actuación”.
La asociación también denunció la difusión de acusaciones que señalan a los militares como responsables de agresiones a migrantes sin que se haya presentado evidencia que lo respalde. Según Gómez, los soldados sufren constantemente ataques –lanzamiento de objetos, emboscadas y agresiones físicas– sin que los agresores enfrenten consecuencias penales, ya que la mayoría son repatriados a Marruecos sin asumir responsabilidad alguna.
ATME exige que los militares sean reconocidos como agentes de la autoridad, de modo que cualquier agresión contra ellos conlleve la misma pena que la que corresponde a la policía nacional o a la guardia civil.
Paralelamente, la asociación puso de relieve problemas en el pago de dietas y complementos. Señala diferencias de hasta 400 euros entre soldados que realizan idénticas jornadas y despliegues, acusando al Ministerio de Defensa de no cumplir con sus obligaciones salariales. Esta situación, según la ATME, recuerda errores similares cometidos en la “Dana de Valencia”.
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