En el infierno de la maquinaria de Pegasus en Marruecos: "Estudian el entorno y la psicología de cada activista"

El precio de la disidencia en Marruecos se vuelve cada vez más alto: activistas, opositores y defensores de derechos humanos viven bajo la constante amenaza de ser observados y grabados sin saberlo, temiendo la humillación pública, el encarcelamiento o incluso represalias contra sus familiares.

El reciente informe de Amnistía Internacional, de 126 páginas, revela con detalle cómo funciona la maquinaria de vigilancia y represión del Estado marroquí, conocida como “el Gran Hermano alauí”. El documento describe el empleo del software espía israelí Pegasus por parte de la Dirección General de la Vigilancia del Territorio (DGST) y una serie de técnicas analógicas que combinan escuchas, micrófonos ocultos y ataques digitales.

Uso del software espía Pegasus

Según el informe, la DGST utilizó Pegasus entre 2017 y 2021, seleccionando cerca de 13 000 números de teléfono como posibles objetivos. El programa, considerado “el arma del monstruo”, se empleaba solo como última medida, después de haber agotado otras formas de vigilancia como escuchas en hogares y vehículos.

El reporte también confirma que, además de dirigir la herramienta contra activistas locales, el servicio de inteligencia marroquí la utilizó contra funcionarios extranjeros, entre ellos varios ministros del Gobierno español. Si bien no se pudo confirmar la autoría del hackeo al teléfono del presidente Pedro Sánchez, sí se verificó la infiltración de los móviles de los ministros Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles.

Los métodos de vigilancia no se limitan al software. El informe detalla el uso de micrófonos ocultos en luces de techo, unidades de aire acondicionado y volantes de vehículos; dispositivos GPS instalados clandestinamente; y la interceptación directa de llamadas en complicidad con operadoras de telecomunicaciones locales.

Puntos Clave
  • La DGST marroquí utilizó el software espía israelí Pegasus entre 2017 y 2021, seleccionando alrededor de 13 000 números de teléfono como posibles objetivos, considerándolo “el arma del monstruo” y empleándolo solo como última medida después de otras formas de vigilancia
  • El informe de Amnistía Internacional revela una combinación de técnicas analógicas y digitales, incluyendo micrófonos ocultos en luces, aires acondicionados y volantes, dispositivos GPS clandestinos e interceptación de llamadas con la complicidad de operadoras locales
  • Pegasus fue usado no solo contra activistas y opositores marroquíes, sino también contra funcionarios extranjeros, entre ellos los ministros españoles Fernando Grande‑Marlaska y Margarita Robles, y se investigó una posible vulneración del móvil del presidente Pedro Sánchez
  • El caso del historiador y activista Maati Monjib, entre otros, ejemplifica el alcance de la maquinaria de vigilancia estatal, que combina escuchas en hogares y

Uno de los casos emblemáticos documentados es el del historiador, profesor y activista Maati Monjib. Entre finales de 2017 y comienzos de 2018 su teléfono fue infectado por Pegasus, según testimonios de un exagente del DGST, bajo el nombre en clave “Samir”. Monjib describió un período de acoso y vigilancia que afectó gravemente a su familia, llegando a publicar noticias falsas que incluían detalles sorprendentemente precisos de su vida cotidiana.

Monjib relató que, tras la difusión de esas informaciones, empezó a percibir la presencia de micrófonos ocultos en su vivienda y a sospechar que su teléfono estaba constantemente monitorizado, obligándolo a apagarlo cuando estaba en casa. La campaña de difamación incluyó acusaciones falsas sobre su vida privada, su patrimonio y supuestos contactos con extranjeros, combinando hechos reales con mentiras para hacerlas más creíbles.

Otros activistas también fueron víctimas de estas tácticas. El caso de Fou Abdelmoumni mostró la difusión de un vídeo íntimo con su pareja, mientras que la esposa de la periodista Kholoud Mokhtari fue objeto de rumores sobre infidelidades y de intentos de seducción por parte de agentes del DGST.

Las agresiones no se limitan a la esfera digital; el informe menciona episodios de presión física, como intentos de asfixia mientras la víctima estaba acostada, y la detención y tortura de colaboradores de activistas, lo que genera un “efecto amedrentador” entre la población crítica.

Las repercusiones se extienden a las familias. Monjib explicó que su hija tuvo que abandonar Marruecos a los 16 años y su esposa francesa perdió su empleo en una ONG, consecuencias directas de la campaña de hostigamiento del Estado.

El estudio de Amnistía Internacional concluye que los servicios secretos marroquíes operan “al margen de la ley”, sin necesidad de autorización judicial y con una impunidad total. El exagente entrevistado por la organización afirmó que a menudo se redactan los documentos posteriores a la acción, invirtiendo el orden legal.

Según los testimonios, la idea de que “no existe privacidad” está profundamente arraigada en la mentalidad de muchos marroquíes, que perciben al poder como omnipresente y capaz de escuchar a cualquier ciudadano en todo momento.

C
Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

Mira tambien:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu puntuación: Útil

Subir