Adiós al 'gratis total': el peaje por kilómetro que amenaza a tu eléctrico
Durante más de una década, la compra de un coche eléctrico o híbrido enchufable ha estado acompañada de múltiples ventajas: exención del impuesto de matriculación, aparcamiento gratuito en zonas reguladas, acceso sin restricciones a las áreas de bajas emisiones y, en muchos casos, la posibilidad de cruzar peajes sin coste adicional. Estos incentivos, diseñados para impulsar la transición hacia una movilidad más limpia, están a punto de sufrir un cambio radical.

El Gobierno del Reino Unido ha anunciado la creación de una nueva figura fiscal denominada eVED (Electric Vehicle Excise Duty), un tributo pensado específicamente para los vehículos que hasta ahora escapaban a gran parte de la presión impositiva del automóvil. La lógica es sencilla: si el motor de combustión deja de generar ingresos, el Estado necesita encontrar otra fuente de recaudación.
El nuevo impuesto británico eVED
El eVED se estructurará como una tasa de circulación basada en el kilometraje real del vehículo. No importará solo el tipo de coche, sino cuánto se utilice: a mayor recorrido, mayor pago. Se trata de aplicar el principio de “quien contamina, paga” a la “quien usa la carretera, contribuye”.
Las tarifas previstas son:
- Vehículos 100 % eléctricos: 2 céntimos de euro por kilómetro recorrido.
- Híbridos enchufables: 1 céntimo de euro por kilómetro recorrido.
En la práctica, un conductor que recorra unos 10 000 km al año pagaría aproximadamente 100 euros con un coche eléctrico y 50 euros con un híbrido enchufable. Si el kilometraje supera los 20 000 km, la factura anual podría oscilar entre 200 y 400 euros, según el tipo de vehículo. Aunque la cantidad no es enorme, supone un quiebre con la promesa de ahorro que hacía a estos modelos tan atractivos.
Para evitar controles anuales exhaustivos, el modelo británico permite que el propietario declare una estimación de kilómetros a recorrer durante el ejercicio fiscal y abone la cuota correspondiente. En las inspecciones técnicas periódicas (MOT) se ajustará la cifra declarada con el cuentakilómetros real, de modo que quien haya superado la previsión pagará la diferencia y quien haya recorrido menos, recibirá una rebaja. Este mecanismo pretende reducir la burocracia y limitar la intrusión en la vida privada de los conductores.
El origen de esta medida radica en la pérdida de ingresos fiscales vinculados al combustible. En España, por ejemplo, el sector automovilístico aporta más de 43 000 millones de euros al año a través de la matriculación, los impuestos a los carburantes, el impuesto de circulación, multas y otras tasas. Gran parte de esa recaudación proviene de los motores de combustión interna y del consumo de gasolina y diésel. Cada vehículo que abandona el diésel para pasar a la electricidad representa una disminución de esos ingresos. Dado que la caída de las ventas de coches de combustión ya es una realidad, los gobiernos europeos temen un creciente déficit presupuestario.
El Reino Unido se ha convertido en pionero al formalizar este tipo de gravamen, y muchos analistas consideran que la fórmula podría replicarse en otros países, como Alemania, Francia o Italia, donde la presión sobre las arcas públicas también se intensifica.
En España, aunque la medida aún no esté implementada, el precedente británico genera inquietud. El eVED entrará en vigor en menos de dos años, un plazo suficiente para que otros estados observen sus resultados y valoren su adopción. El país ya muestra una alta dependencia de los ingresos derivados de los combustibles fósiles y, simultáneamente, ha incentivado la compra de vehículos eléctricos mediante ayudas y ventajas fiscales. Cuando la recaudación por carburantes disminuya de forma significativa, la tentación de instaurar un peaje por uso o una tasa por kilómetro será difícil de resistir.
Esto no significa que la ventaja económica de los coches eléctricos desaparezca. La carga de la batería sigue siendo mucho más barata que el combustible, y el mantenimiento tiende a ser menor debido a la menor complejidad mecánica. Lo que sí cambia es el mensaje de los gobiernos: pasan de tratar a los vehículos enchufables como una excepción exenta a integrarlos en el sistema fiscal ordinario, convirtiéndolos en una nueva fuente de ingresos.
Para el consumidor, la decisión de compra ya no podrá basarse únicamente en exenciones y subsidios, sino en los beneficios reales y estructurales que ofrece la tecnología. El eVED británico, más que una tasa local, representa el primer capítulo de una tendencia que probablemente se extenderá a España y al resto de Europa, marcando el inicio de una era en la que la carretera se paga por kilómetro, independientemente de lo que haya bajo el capó.
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