Casi un 50% de los españoles consume este alimento dos veces por semana

En la vida cotidiana, la falta de tiempo suele complicar la búsqueda de una alimentación equilibrada. Ante esta dificultad, cada vez más hogares recogen una solución práctica: las verduras congeladas, que combinan versatilidad, bajo coste y rapidez de preparación.

Un estudio reciente realizado por la Asociación Española de Fabricantes de Vegetales Congelados (Asevec) ha cuantificado este fenómeno. La encuesta, que reunió a aproximadamente 630 personas, revela que el 81 % de los consumidores incorpora habitualmente verduras congeladas en su dieta y que un 48 % las consume al menos dos veces por semana.

Datos clave del estudio

  • 73 % de los encuestados asegura que consume verduras congeladas “desde siempre”.
  • Los productos más populares son los guisantes (66 %), las judías verdes (63 %) y las espinacas (59 %).
  • Los “mix” de verduras y el brócoli también figuran entre los favoritos.
  • Los consumidores asocian estos alimentos con comodidad, practicidad, ahorro de tiempo y una alimentación saludable.

En cuanto a los métodos de cocción, las recetas a la plancha o salteadas siguen liderando con un 68 % de preferencia. Las tradicionales verduras hervidas conservan un 41 % de uso, pero la freidora de aire (airfryer) ha igualado esa cifra, situándose también en el 41 % como método elegido por los participantes.

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Desde el punto de vista científico, la creencia de que el frío destruye los nutrientes ha quedado refutada. En la industria se emplea la ultracongelación, que somete los vegetales a temperaturas de entre –40 °C y –50 °C en pocos minutos, preservando la mayoría de sus propiedades organolépticas y la totalidad de la fibra y los minerales. Algunos estudios incluso indican que ciertas verduras congeladas pueden contener niveles de nutrientes iguales o superiores a los de verduras frescas almacenadas varios días en la nevera, donde se produce una oxidación natural progresiva.

Las ventajas percibidas por los consumidores se centran en la practicidad y en la reducción del desperdicio alimentario; el 48 % destaca la posibilidad de dosificar la cantidad exacta que necesita y conservar el resto en el congelador. No obstante, existen limitaciones: verduras con alto contenido de agua, como la lechuga o el tomate, pierden firmeza tras la congelación y no son adecuadas para consumirse crudas. En cambio, frutas congeladas resultan perfectas para batidos o tazones.

En el ámbito doméstico, la congelación casera es más lenta, lo que genera cristales de hielo grandes que pueden dañar la estructura del alimento al descongelarse. Por ello, los expertos recomiendan escaldar los vegetales durante dos minutos antes de congelarlos.

Respecto a la seguridad alimentaria, es fundamental no volver a congelar un alimento que ya ha sido descongelado, salvo que haya sido cocinado previamente a altas temperaturas, lo que elimina la posible carga microbiana. La mayoría de las verduras congeladas comerciales pueden cocinarse directamente, sin necesidad de descongelación, en sartén, airfryer o olla. Si resulta necesario descongelar, se debe trasladar el producto del congelador al frigorífico a una temperatura de aproximadamente 4 °C, evitando así que los microorganismos se reactiven rápidamente.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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