David Jiménez Torres sobre el modelo de la PAU: "Es un fracaso nacional que la selectividad no esté unificada"
En la mayor parte de las comunidades autónomas se celebra esta semana la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), una jornada decisiva para miles de jóvenes que aspiran a obtener la nota suficiente para ingresar en la carrera que desean.
Este año las pruebas están marcadas por un endurecimiento de las medidas anti‑trampas: se han reforzado los controles de acceso, se exige registro previo antes de entrar en los salones de examen y, en algunos centros, se han instalado inhibidores para evitar el uso de dispositivos electrónicos ocultos.
Perspectiva del profesor David Jiménez Torres
El profesor David Jiménez Torres, del Departamento de Historia, Teorías y Geografía Políticas de la Universidad Complutense, ha intervenido en el debate sobre la creciente utilización de la tecnología para hacer trampas. Recientemente, sorprendió a un estudiante que sostenía el teléfono móvil oculto sobre las rodillas mientras mantenía una conversación de ChatGPT abierta en la pantalla. “Me entró una mala leche”, confesó el docente, y explicó que el procedimiento ante estos casos es claro: el examen se suspende y se abre un expediente disciplinario, ya que la normativa considera esta conducta una falta muy grave.
Jiménez Torres lamentó que persista la percepción de que copiar forma parte de una “pícarosidad” normalizada. “Sigue habiendo una cultura que lo ve como un juego: si te pillan, te dejan para la siguiente partida”, señaló, y advirtió que en la PAU las consecuencias van más allá del alumno infractor, pues “quien accede a una plaza mediante trampas se la está quitando a otro estudiante que ha competido en igualdad de condiciones”.
El profesor también defendió la necesidad de unificar la Selectividad en todo el territorio español. A su juicio, resulta incoherente que una misma prueba permita el acceso a universidades de todo el país, pero con exigencias diferentes según la comunidad autónoma donde se realiza. “Es un fracaso nacional que la Selectividad no esté unificada”, afirmó.
Sobre el papel de los docentes, Jiménez Torres reconoció que la vigilancia contra el fraude forma parte de su responsabilidad, pero añadió que no se trata de una tarea para la que la mayoría de profesores haya sido preparada. “Nosotros no nos metimos en esto para convertirnos en policías del aula”, explicó, planteándose si la vigilancia debería recaer exclusivamente en los docentes.
La tertulia también abordó la creciente implicación de los padres en el proceso de la PAU. El profesor destacó que los pasillos de las facultades se llenan cada año de progenitores que esperan durante horas a que sus hijos terminen las pruebas. Consideró positivo que las familias se involucren en la educación, aunque el debate derivó a situaciones cada vez más frecuentes.
Rubén Amón comentó que algunos padres acompañan a sus hijos para discutir directamente con profesores universitarios, mientras que Marta García Aller advirtió que este fenómeno se traslada al ámbito laboral, con progenitores que asisten a entrevistas de trabajo de sus hijos. “Que los niños aprendan a valerse por sí mismos”, reclamó.
Para cerrar el intercambio, Jiménez Torres planteó una cuestión de fondo: “¿Podemos desvincular la conducta de copiar de los valores que los alumnos reciben en casa?”. La pregunta quedó en el aire, mientras el colega Alsina bromeó diciendo que no le gustaría ser alumno del profesor ni encontrarse bajo su vigilancia durante un examen mientras intentara hacer trampa.
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