Doctor Cabrera: "El remordimiento es patrimonio exclusivo de las personas sanas"
El psiquiatra José Cabrera ejerce la práctica clínica privada en Madrid y se ha consolidado como una de las voces más habituales en la cobertura mediática de casos de gran repercusión pública. Autor de varios libros y colaborador frecuente en programas de televisión como Horizonte de Iker Jiménez, ha analizado la actualidad política y los hechos criminales más mediáticos, entre ellos los de José Bretón, las niñas de Alcàsser y Asunta Basterra.
Su trayectoria combina la psiquiatría militar, penitenciaria y forense. Además, fue director de la Comisión Científica del Observatorio Español sobre Drogas y ha representado a España en distintas misiones de las Naciones Unidas. En la actualidad actúa como perito de parte, propuesto por la abogada Elisa Mouliaá en el proceso judicial que investiga la presunta agresión sexual contra el exdiputado Íñigo Errejón. En esta ocasión habló con El Independiente sobre el caso de Noelia de Mingo, la justicia restaurativa, el penitenciarismo y la salud mental.
Motivaciones y trayectoria profesional
El doctor Cabrera explica que su interés por la psiquiatría forense surgió tras crecer en una familia sanitaria; su padre era psiquiatra y su madre farmacéutica. “Lo forense llegó después, como una necesidad de comprender lo que ocurre en la zona más oscura del comportamiento humano”, afirmó.
Según el psiquiatra, el aumento del interés público por el crimen no es mera morbo, sino que responde a una curiosidad social arraigada. “El cine, la literatura y la constante exposición mediática han amplificado esta fascinación, convirtiéndola en un tema de conversación cotidiano”, señala.
Respecto a los factores que influyen en la aparición de conductas delictivas, Cabrera destaca la interacción de variables como la raza, el contexto sociocultural, la época y la evolución histórica del concepto de bien y mal. “Los delitos económicos suelen requerir un nivel educativo e intelectual elevado, mientras que los delitos “carnales” pueden estar vinculados a circunstancias desfavorables como la pobreza, la educación familiar o el consumo de drogas”, puntualiza.
El psiquiatra también subraya el papel fundamental de la infancia y del entorno familiar en la configuración de la personalidad, aunque aclara que “no son suficientes por sí solas para explicar la criminalidad”.
Impacto de la sociedad de cristal y la cultura digital
Cabrera considera que la llamada “sociedad de cristal” ha generado una mayor vulnerabilidad emocional, lo que hace que las personas toleren menos el dolor, la frustración o el miedo. Al mismo tiempo, las redes sociales y los medios digitales favorecen el anonimato y la inacción, pues “grabar un hecho violento resulta más fácil que intervenir”.
El papel del perito forense
Cuando una de las partes solicita sus servicios, Cabrera explica que el proceso comienza con la valoración de la necesidad del dictamen. “En el caso de peritos públicos, el juez ordena el informe; en el caso de peritos privados, la parte interesada contrata al especialista”, indica. En ambos casos, el objetivo es aportar claridad al procedimiento judicial.
En cuanto al peso de los informes psiquiátricos en la esfera judicial, el doctor recalca que la legislación exige que la conducta delictiva sea libre y no esté afectada por enfermedad o intoxicación. “Si la acción se cometió bajo una enfermedad mental, la pena puede sustituirse por tratamiento farmacológico, psicoterapéutico o internamiento, según corresponda”, afirma.
Enfermedades mentales y reinserción social
Cabrera reconoce la existencia de trastornos mentales incurables desde el punto de vista médico, que requieren acompañamiento y vigilancia continua. Además, identifica a personas cuya forma de ser les lleva a actuar al margen de la ley sin que exista un trastorno mental diagnosticable; para ellas, solo son aplicables medidas disuasorias.
Respecto a la diferencia entre un hospital psiquiátrico convencional y un hospital psiquiátrico penitenciario, destaca que el primero atiende a pacientes enfermos que no han cometido delitos graves, mientras que el segundo está destinado a individuos con trastorno mental que han perpetrado crímenes de gran gravedad y no pueden ser tratados en centros convencionales.
En el caso de Noelia de Mingo, internada en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Fontcalent, Cabrera señala que la esquizofrenia puede producir una marcada alteración de la afectividad, lo que explica la aparente ausencia de remordimiento. “El déficit emocional es una característica propia de la enfermedad, no una ausencia de conciencia”, aclara.
Sobre la cuestión de la negación del delito, el psiquiatra comenta que en algunos casos la persona no reconoce la propia acción debido a trastornos mentales, intoxicaciones o sentimientos de culpa tan intensos que generan una ruptura de la memoria del hecho. Cuando la conciencia de la acción vuelve, el sufrimiento puede ser extremo, llegando incluso al suicidio.
Víctimas y justicia restaurativa
Cabrera advierte que, además de las víctimas directas, los familiares de los criminales también sufren consecuencias y a menudo son invisibilizados por el sistema judicial. “Son una parte olvidada que también necesita atención y apoyo”, afirma.
En relación con la justicia restaurativa, el psiquiatra considera que las sociedades democráticas deben buscar la reinserción y la reparación, pero reconoce que existen límites frente a reincidentes o individuos que se niegan a someterse al proceso. “No podemos ser ingenuos; la protección de la sociedad es también una prioridad”, concluye.
Mira tambien:


Deja una respuesta