Ébola en la
El brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) avanza sin tregua y se está propagando a un ritmo sin precedentes. Según los últimos boletines epidemiológicos del gobierno congoleño, la crisis ha superado los 4 053 contagios confirmados y ha cobrado 1 850 vidas, lo que eleva la tasa de letalidad a un alarmante 45,7 %. Esta es la decimoséptima epidemia registrada en el país.

Declarado oficialmente el 15 de mayo, el brote ya afecta a cinco provincias, siendo Ituri el epicentro de la emergencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado la cepa como Bundibugyo, para la cual, hasta la fecha, no existe una vacuna autorizada ni un tratamiento específico. Con estos números, la actual crisis supera los estragos de la epidemia de 2018‑2020 y se convierte en el segundo brote con más infecciones en la historia de la RDC.
Llamado a la acción de la OMS y África CDC
Frente a una situación que la OMS califica como “excepcionalmente difícil”, el director general Tedros Adhanom Ghebreyesus y el jefe de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (África CDC), Jean Kaseya, han exigido una intervención drástica. Según fuentes de Europa Press, en varias zonas del este de la RDC la capacidad operativa está siendo superada, la detección se retrasa y escasean los suministros esenciales.
Las autoridades sanitarias piden una ampliación urgente de la respuesta comunitaria, priorizando la cercanía de los servicios de pruebas y aislamiento a las áreas más afectadas, y reforzando la protección y recursos para los trabajadores de primera línea.
El éxito de la contención dependerá del compromiso de las poblaciones locales y de mejorar el rastreo de contactos, que actualmente alcanza el 77,7 % y está por debajo del objetivo operativo del 95 % fijado por la OMS y el África CDC.
Jean Kaseya ha subrayado la importancia de proporcionar información fiable a las comunidades, para que los ciudadanos reconozcan los síntomas y busquen atención médica sin temor.
Paralelamente, la OMS y el África CDC mantienen la alerta para los países vecinos, instándolos a fortalecer la vigilancia transfronteriza. Como referencia, Uganda logró contener la transmisión local y recientemente se declaró libre de la enfermedad.
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