El descrédito por Ceuta golpea a Sánchez al inicio de un curso en el que se juega la reelección
La crisis migratoria que se desató en Ceuta entre el 30 y el 31 de julio ha añadido una presión inédita al Gobierno de Pedro Sánchez, que ya afronta múltiples procesos judiciales por presunta corrupción en torno al entorno del PSOE y unas encuestas que sitúan a su partido muy por debajo de la expectativa de reelección. Con menos de un año antes de las elecciones generales y la pérdida de hasta quince escaños, la gestión de la masiva entrada de migrantes se ha convertido en el principal foco de descrédito para el Ejecutivo.

Cifras y evolución de la crisis
Según los datos oficiales del Gobierno, la oleada de migrantes llegó a unos 72 000 individuos, de los cuales aproximadamente 5 000 permanecen todavía en Ceuta a la espera de los trámites de asilo o de acogida, en el caso de menores. La oposición y la administración local aseguran que la cifra real supera esos números, aunque aún no existe un recuento definitivo por la falta de finalización de los procesos de filiación.
En cuanto a los menores, la información ha variado considerablemente: inicialmente se estimó entre 2 500 y 2 900 niños, cifra que al cierre de la semana se redujo a menos de 1 500. Esta falta de consistencia ha generado críticas severas tanto de los socios de coalición como de la oposición.
El primer día de la crisis, el Gobierno no tomó medidas visibles de control. Durante el mes transcurrido, la ausencia de datos claros y la lenta respuesta institucional han alimentado la percepción de descontrol. Varios ministros, entre ellos Elma Saiz y Fernando Grande-Marlaska, visitaron Ceuta, pero sus declaraciones mostraron incoherencias, pasando de abogar por la devolución inmediata de todos los migrantes a matizar que cualquier medida debe respetar la legislación vigente y los plazos establecidos.
Pedro Sánchez no compareció en público hasta una entrevista en la Cadena SER, programada como preludio de su comparecencia del 3 de septiembre ante una sesión extraordinaria del Congreso. Mientras tanto, el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, intentó reforzar la imagen de una constante atención del presidente, pese a que Sánchez se encontraba de vacaciones en la residencia de La Mareta, en Lanzarote.
Los distintos portavoces del Gobierno, desde Ángel Víctor Torres hasta Elma Saiz, reiteraron que el objetivo era “recuperar la normalidad lo antes posible”. Sin embargo, la situación en la ciudad autónoma sigue lejos de esa meta, y la declaración del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, de que “en menos de 48 horas la normalidad se está alcanzando” resultó contradictoria con la realidad de los hechos.
El martes pasado se decretó el mando único por motivos de seguridad nacional, designando a Ángel Víctor Torres como responsable. Esta medida, anunciada tras la solicitud de la administración local y del Partido Popular, no logró disipar la percepción de tardanza, sobre todo porque la petición de despliegue de la agencia fronteriza europea Frontex se realizó un mes después.
Las visitas de otros miembros del Ejecutivo, como la ministra de Sanidad, Mónica García, que acusó al alcalde de Ceuta, Juan Jesús Vivas, de no habilitar espacios seguros para los migrantes, evidenciaron la falta de coordinación interna. El mando único, a una semana de su activación, solo ha conseguido la ampliación de menos de 1 900 plazas de acogida en el CETI y la habilitación de dos centros adicionales, uno municipal y otro del Ministerio de Defensa.
En la cuarta semana de la crisis se anunció una ampliación extraordinaria del Plan Integral de Desarrollo Socioeconómico de Ceuta, que incluye un crédito de 25 millones de euros para la acogida, nuevas reglas para agilizar la gestión de menores y el refuerzo de la vigilancia y la seguridad. No obstante, la falta de personal y la lentitud en la puesta en marcha de estas medidas continúan alimentando la sensación de descontrol.
Tensiones internas y externas

- Los partidos de la coalición (PNV, Sumar) y la oposición (PP, Vox) critican la gestión del Gobierno, acusándolo de falta de previsión y de no haber anticipado la magnitud del ingreso, descrita como “inigualable en democracia”.
- Informes de inteligencia de julio alertaron sobre factores que podrían incrementar la migración, pero no se advirtió la escala del episodio ni la posible implicación de Marruecos.
- Fuentes citadas por ABC mencionan una alerta de hasta 180 000 personas en la víspera de la crisis.
- La relación con Marruecos se ha convertido en un punto de fricción; mientras el Gobierno niega cualquier implicación marroquí, sectores políticos y mediáticos señalan la relajación del control fronterizo como posible señal de cooperación.
- La presión de la UE para evitar que los migrantes ingresen al espacio Schengen y la exigencia del PP de devoluciones masivas sin respetar el marco jurídico complican aún más la toma de decisiones.
Ante la creciente tensión en las calles de Ceuta —con protestas, enfrentamientos entre migrantes, militares y vecinos, y episodios de bloqueo a la entrega de alimentos por parte de la Cruz Roja— la imagen de un gobierno incapaz de contener la situación se ha afianzado. La falta de una respuesta uniforme entre los ministros y la discordancia entre declaraciones oficiales y la realidad en el terreno refuerzan la percepción de descoordinación.
En el plano electoral, la crisis migratoria obstaculiza los planes del Gobierno para presentar los Presupuestos Generales del Estado y para impulsar políticas sociales clave antes del primer cuatrimestre del nuevo mandato legislativo. El debate sobre la gestión de Ceuta favorece a la oposición, que puede utilizar las imágenes de la ciudad como evidencia de la supuesta incapacidad del Ejecutivo.
El futuro inmediato del Gobierno depende de la capacidad para decidir entre dos opciones costosas: mantener a miles de migrantes en Ceuta, prolongando la tensión local, o trasladarlos a la península, lo que implicaría un conflicto político con las comunidades autónomas y un refuerzo de la retórica del PP y Vox. Ambas decisiones conllevan riesgos políticos significativos para Pedro Sánchez y su coalición en el contexto de las próximas elecciones generales.
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