El día que España 'vació' la Bolsa de Londres durante la guerra de Independencia de Estados Unidos
Tras la firma del documento oficial de independencia de Gran Bretaña, las trece colonias americanas se vieron obligadas a defender su emancipación mediante el uso de las armas. En esa lucha contra el poderoso imperio británico, los colonos no estuvieron solos. El apoyo que brindó España a la naciente nación de los Estados Unidos ha sido, en muchos casos, desconocido o subestimado.

Desde los inicios del conflicto, la Corona española respaldó a los rebeldes enviados dinero, armas, municiones, uniformes y medicamentos, todo con la mayor discreción para evitar que la insurrección se extendiera a las posesiones virreinales de España en América.
La intervención militar española
El apoyo español no se limitó a la logística. España envió también tropas y oficiales que combatieron junto a los americanos. Entre ellos destacó Bernardo de Gálvez, cuya campaña en el sur de la colonia aportó decisivas derrotas a los británicos. Sin embargo, el episodio que más marcó las arcas del reino británico fue la captura del convoy doble que transportaba suministros esenciales para los ejércitos en América y la India.
El veterano almirante Luis de Córdova y Córdova, al mando de una escuadra hispano‑francesa, interceptó casi la totalidad del convoy. La pérdida fue tan importante que afectó la Bolsa de Londres y cambió la balanza de la guerra a favor de la causa independentista.
En el verano de 1780, el Reino Unido enfrentaba varios frentes: la rebelión en Norteamérica, la resistencia del Imperio Maratha bajo Hyder Ali en la India y los combates contra Francia y España en el Canal de la Mancha, Gibraltar y Menorca. Para reforzar sus campañas, el gobierno británico organizó en Portsmouth un envío masivo de tropas y pertrechos destinado a las Indias Orientales y Occidentales. El convoy, formado por 55 buques mercantes, contaba con la escolta del navío HMS Ramillies y dos fragatas, y tenía previsto cruzar las Azores antes de dividirse hacia sus destinos.
Los servicios de inteligencia españoles, a pesar del estricto secretismo inglés, lograron obtener información precisa sobre la fecha de partida y la ruta del convoy gracias a agentes en Londres y a la red de espionaje de Juan de Miralles, radicado en Filadelfia. Con estos datos, el Conde de Floridablanca, entonces responsable interino de la Secretaría de Marina, diseñó el plan para interceptar la flota enemiga. La operación se desarrollaría en las proximidades de las Azores y quedó bajo el mando del almirante Luis de Córdova, de 74 años.
El 9 de agosto, la escuadra compuesta por 27 buques de línea españoles y nueve franceses avistó el convoy británico a la altura del cabo de San Vicente. Córdova empleó una táctica de engaño: encendió un farol en el trinquete del navío insignia Santísima Trinidad para simular las luces de posición de la escolta británica. El comandante del convoy, John Moutray, tomó la señal como referencia y dirigió sus naves directamente al centro de la formación franco‑española.
Al amanecer, el convoy quedó rodeado. Ante la abrumadora superioridad española, las naves de escolta británicas intentaron retirarse, abandonando a los mercantes a su suerte. En ese momento, el Santísima Trinidad lanzó la señal de “caza general”, permitiendo a cada capitán español o francés atacar a su discreción. Así, los 36 buques de línea y fragatas de la escuadra se lanzaron al combate y, una a una, capturaron todas las naves del convoy.
La operación resultó en la captura de 52 buques y, en los días siguientes, tres transportes adicionales. Las pérdidas para la Corona británica fueron catastróficas tanto en términos militares como económicos. Según el historiador Thomas E. Chávez en su obra Spain and the Independence of the United States, se incautaron 80 000 mosquetes, uniformes y equipamiento para 40 000 soldados, 294 cañones y 3 000 barriles de pólvora. Además, 3 144 hombres fueron hechos prisioneros, de los cuales 1 357 eran oficiales e infantes destinados a reforzar los regimientos en ultramar.
El valor monetario de la captura se estimó en 1 500 000 libras esterlinas de la época (1 000 000 en oro y plata y 500 000 en equipos y buques). Ajustando la cifra a la inflación y al poder adquisitivo actual, según MeasuringWorth, la pérdida para el Reino Unido equivaldría a más de 342 millones de libras esterlinas en 2026.
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