'El retablo de las maravillas': la zanahoria que se le pone al burro

Els Joglars celebra su 65.º aniversario con una puesta en escena que mantiene la esencia punzante que caracteriza a la compañía. Bajo la dirección de Albert Boella y con una dramaturgia coescrita por Ramon Fontserè, la legendaria compañía catalana revisita el clásico entremés de Miguel de Cervantes, El retablo de las maravillas, convirtiéndolo en un espejo deformante y lúcido de la realidad contemporánea.

La obra conserva el marco conceptual original: un retablo teatral que muestra imágenes maravillosas accesibles solo a quienes poseen “pureza de sangre” o “noble nacimiento”. En esta versión, sin embargo, los criterios de exclusión se actualizan; los ojos que “ven” las maravillas ahora buscan beneficios económicos, sociales y mediáticos, ofreciendo una crítica mordaz a la cultura de la apariencia y el consumo.

Una mirada satírica a la sociedad actual

La sátira se dirige a los nuevos altares de la modernidad: la gastronomía de moda, los gurús del “alimento vacío” y el mercado del arte contemporáneo, donde se vende y se expone la “mierda” con la misma solemnidad que una obra maestra. El espectáculo señala cómo la fe y la creencia se han transformado en consumo, y cómo la humanidad se ha convertido en una materia moldeable al antojo de los fetichistas del mercado y el engaño.

Puntos Clave
  • Els Joglars celebra su 65.º aniversario con una puesta en escena de “El retablo de las maravillas”, dirigida por Albert Boella y coescrita por Ramon Fontserè
  • La versión actualiza los criterios de exclusión del retablo, centrando la “pureza” en beneficios económicos, sociales y mediáticos, como crítica a la cultura de la apariencia y el consumo
  • La sátira apunta a los nuevos altares de la modernidad: gastronomía de moda, gurús del

El peso de la función recae en un elenco formidable encabezado por el propio Fontserè y reforzado por Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Javier Villena, Bruno López‑Linares, Rafa Blanca y Pep Muñoz. Cada intérprete aporta una energía desbordante y una interpretación corpórea que subraya la ridiculez de los personajes esperpénticos, atrapados en promesas vacías y en una falsa cultura que se alimenta de la apariencia.

La escenografía, construida a base de humo, burbujas y cartón, crea una “eternidad efímera” que simboliza la vacuidad del espectáculo contemporáneo, listo para ser reemplazado por el próximo charlatán con mejores ideas de venta. Los absurdos despropósitos que se despliegan en el escenario se toman con seriedad trágica, ofreciendo una fotografía precisa de la falsedad en la que vivimos.

Con más de seis décadas de trayectoria, Els Joglars demuestra que su teatro sigue siendo tan necesario como fantástico, recordándonos, de forma divertidísima, que el “emperador” continúa viendo telas donde no las hay.

La representación de El retablo de las maravillas de Els Joglars se prolonga en el Teatro Fernán Gómez hasta el 27 de septiembre.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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