Ceuta y Melilla protagonizan la campaña electoral en Marruecos: "Son dos ciudades ocupadas"
A menos de dos semanas de las próximas elecciones legislativas, la campaña en Marruecos avanza hacia su fase final. Además de las propuestas habituales sobre empleo juvenil, dinamización del comercio y control del descontento social, el tema de Ceuta y Melilla ha ganado protagonismo en los discursos de varios dirigentes, aunque no se ha traducido en demandas de investigación de los desaparecidos ni de repatriación de los fallecidos.

Declaraciones marroquíes y reacción española
En un contundente comunicado, el ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, acusó a buena parte de los partidos y medios españoles de usar a Marruecos como “peón preelectoral”. La llegada de decenas de miles de inmigrantes a Ceuta ha sido aprovechada por varios funcionarios para reivindicar la soberanía sobre los enclaves españoles del norte de África.
El ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, defendió los “derechos históricos y geográficos” de Marruecos sobre el territorio español en los primeros momentos de la crisis, mientras que el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, aludió a los vínculos religiosos con la ciudad. Según una fuente cercana al Palacio, “ningún ministro había hecho declaraciones de este tipo desde que el Gobierno de Aziz Akhannouch llegó al poder a finales de 2021”. Cuando el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, solicitó explicaciones, Bourita afirmó que sus palabras estaban enmarcadas en el “contexto electoral” del país.
Sin embargo, la misma fuente aclara que esas declaraciones no están vinculadas a la contienda electoral. Ninguno de los dos ministros se presenta como candidato, y sus cargos dependen directamente del rey Mohamed VI y del Majzén, el círculo íntimo que controla los principales ministerios.
Aunque los altos cargos del gobierno no compiten en las urnas, varios candidatos sí han incluido la cuestión de la soberanía en sus campañas. El líder del Partido del Progreso y del Socialismo (PPS), Mohamed Nabil Benabdellah, afirmó que “llegará un día en que no se podrá negar que Ceuta y Melilla son ciudades marroquíes ocupadas”. Por su parte, el secretario general de Istiqlal, Nizar Lbraka, declaró que Marruecos no cederá “ni un ápice” de su “territorio nacional”. Lbraka, además, ocupa el cargo de ministro de Equipamiento y Agua.
Mohammed Ouzzine, secretario general del Movimiento Popular, también ha adoptado la retórica soberana, vinculándola al apoyo de España a la autodeterminación palestina y a la supuesta “ocupación” de los enclaves.
Desde hace una década, el régimen alauí prohíbe las encuestas electorales, lo que dificulta medir el impacto de estos mensajes en la intención de voto. Lo que sí es evidente es que, al incluir a Ceuta en sus discursos, muchos políticos evitan abordar los aspectos más urgentes de la crisis, como la situación de los muertos, desaparecidos y menores atrapados en la frontera.
Para el historiador y activista Maati Monjib, estas declaraciones son una “maniobra de distracción” que desvía la opinión pública de los cientos de muertos y desaparecidos. “Se trata de un tema inflamable que puede movilizar rápidamente a la población”, advierte, señalando que el régimen aprovecha la “fiebre electoral” para que los marroquíes olviden la catástrofe humanitaria y la vergüenza internacional que ha generado la crisis de Ceuta.
Monjib también denuncia el control de los medios por parte del Majzén y la falta de voluntad del Palacio para hablar de los 141 muertos, los desaparecidos y los menores que permanecen en territorio español sin posibilidades de regresar, debido a la falta de empleo y a los abusos de poder que enfrentan.
La constante atención a Ceuta podría volverse en contra de las autoridades de Rabat. En redes sociales, usuarios marroquíes expresan indignación por la gestión de la poscrisis, y se han registrado detenciones de inmigrantes que regresaron a Marruecos preguntándose “¿Por qué nos han traído aquí?”. La televisión estatal emitió entrevistas en las que algunos retornados aseguraban que la vida es mejor en Marruecos, pero un video que circuló en redes mostraba a un agente de seguridad lanzando una piedra contra un joven que volvía a su país, lo que provocó críticas y memes que comparaban la situación con el mito de Sísifo.
Las protestas masivas de la Generación Z del año pasado siguen resonando, y la revista TelQuel publicó un reportaje titulado “Una juventud sacrificada en el altar de la desesperación”, subrayando la persistencia del descontento y la sensación de falta de oportunidades.
El clima político se describe como “irrespirable”. A pesar de que las elecciones en Marruecos suelen presentarse como un periodo de apertura, cientos de opositores están presos. Un caso reciente es el de un joven condenado a un año de prisión por compartir en redes el video del agente lanzando la piedra.
Los analistas coinciden en que el proceso electoral no es democrático. El primer ministro Aziz Akhannouch, el segundo hombre más rico del reino después de Mohamed VI, no ejerce el poder real; éste reside en el monarca y su círculo íntimo. El sistema electoral favorece la fragmentación parlamentaria, obligando a formar coaliciones complejas que el rey puede controlar. Además, el rey conserva la prerrogativa sobre defensa, política exterior y religión, áreas estratégicas para la soberanía.
Monjib compara la era de Mohamed VI con la última fase del reinado de Hassan II, señalando que mientras la anterior se caracterizó por una apertura y debate nacional, la actual está marcada por la represión, la corrupción de empresarios y la impunidad de la policía política. “El dinero ilícito fluye libremente mientras las autoridades, en el mejor de los casos, hacen la vista gorda”, afirma.
El activista concluye con un pronóstico sombrío: “Las elecciones de 2021 fueron las menos creíbles y menos libres del siglo XXI; las de 2026 serán aún peor”. Además, una reciente legislación prohíbe a los ciudadanos impugnar los resultados electorales bajo pena de procesamiento penal, lo que dificulta cualquier denuncia de fraude.
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