España se adentra en la era de los megaincendios forestales
Los incendios forestales de este verano han batido récords de extensión en Castilla y León y en la provincia de Ávila, cumpliendo una tendencia que los científicos advertían desde hace más de una década. Paco Castañares, exdirector general de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura y presidente de la Asociación Extremeña de Empresas Forestales y del Medio Ambiente (AEEFOR), señaló que la combinación de abandono agrario, aumento de las temperaturas y pérdida de humedad de la vegetación está creando condiciones propicias para que los fuegos alcancen dimensiones sin precedentes.
En una entrevista, Castañares explicó que el incendio de Mrid, sumado al de Ávila, habría podido quemar la sierra de Guarrama e incluso llegar a la Casa de Campo de Mrid. A su juicio, los Pirineos y el Sistema Ibérico son los territorios con mayor potencial para episodios de gran magnitud. “Podemos imaginar un incendio en los Pirineos que alcance 500 000 o un millón de hectáreas. No se trataría de un solo frente continuo, sino de varias tormentas que generen cientos de rayos, de los cuales decenas se prenden en puntos diferentes y forman un fuego que, en cuatro días, podría consumir un millón de hectáreas”.
Escenarios de megaincendios y la necesidad de cautela
El ingeniero forestal Ferran Dalmau, director de la empresa valenciana Medi XXI, reconoce la posibilidad de incendios mucho mayores que los registrados hasta la fecha, pero advierte que no hay evidencia científica que garantice la inminencia de un fuego de 500 000 hectáreas. “Sí, los Pirineos pueden sufrir incendios superiores a los históricos; el reciente caso en Huesca lo muestra. Sin embargo, afirmar que estamos a las puertas de un megaincendio de esa envergadura sería imprudente”. Dalmau añade que, para alcanzar tal dimensión, deberían producirse sucesivamente incendios de 100 000, 200 000, 300 000 ha, etc., antes de llegar a cifras mayores.
Dalmau también destaca la desaparición de barreras naturales que tradicionalmente frenaban el avance del fuego, como los humedales y la fragmentación del bosque. El abandono agrario y ganadero ha generado una mayor continuidad forestal, lo que facilita la propagación del fuego. A este proceso se suma el cambio climático, que incrementa las temperaturas, el déficit hídrico y la frecuencia de condiciones de sequía, convirtiendo a los bosques pirenaicos en ecosistemas cada vez más vulnerables.
Según Gonzalo Rincón, técnico de bosques de WWF, la evolución reciente de los incendios confirma una tendencia preocupante: la aparición de fuegos que superan la capacidad de extinción. “El incendio de Peñas de Riglos, con varias miles de hectáreas afectadas y fuera de control, muestra que los megaincendios son una amenaza real, aunque no podemos confirmar aún un escenario de medio millón de hectáreas”. Rincón subraya la necesidad de una gestión territorial y preventiva más eficaz, así como de protocolos de alerta temprana.
Por su parte, Mónica Parrilla, responsable de Incendios de Greenpeace, sitúa el problema en un contexto más amplio de transformación de los ecosistemas de montaña. El IPCC advierte que el aumento de temperatura, la reducción de humedad y la mayor duración de la temporada de incendios están incrementando la frecuencia, severidad y extensión del fuego en áreas montañosas. La topografía accidentada y la limitada accesibilidad de los territorios protegidos dificultan aún más las labores de extinción.
Todos los expertos coinciden en que la solución no pasa únicamente por aumentar los recursos aéreos. La gestión estratégica del paisaje, la recuperación de actividades agropecuarias, la aplicación de fuego controlado, la creación de discontinuidades (vías de fuego, corredores de humedad) y la preparación de la población son medidas esenciales para reducir la continuidad de la vegetación y limitar la expansión de los incendios.
En 2024, España registró por primera vez dos incendios con más de 50 000 hectáreas afectados (Burgohondo y Niebla), un hecho que refuerza la necesidad de actuar con urgencia. La prevención, la restauración planificada de zonas quemadas y la implementación de políticas que frenen el abandono del medio rural aparecen como los pilares para evitar que los escenarios potenciales se conviertan en realidades catastróficas.
Mira tambien:


Deja una respuesta