Esto no ha pasado 1x28: El órgano errante
En diciembre de 2019, una familia estadounidense sufrió un choque frontal mientras viajaba por Europa. Los ocupantes del asiento delantero, el padre y su hijo, resultaron ilesos, mientras que la madre y la hija, que viajaban en la parte trasera con el cinturón de seguridad abrochado, fueron ingresadas en el hospital con lesiones graves. Este hecho plantea una incógnita: ¿por qué el mismo cinturón que protege a unos, hiere a otros?
El sesgo de género en los simuladores de choque
La respuesta se encuentra en un detalle que ha permanecido oculto durante medio siglo: los maniquíes utilizados en las pruebas de colisión están diseñados casi exclusivamente a partir de la morfología masculina. Durante décadas, los fabricantes de cinturones y sistemas de retención han basado sus diseños en datos obtenidos de estos dummies, que reproducen la anatomía, la masa y la distribución de los órganos de un hombre promedio.
Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que las diferencias estructurales entre cuerpos masculinos y femeninos influyen de manera significativa en la forma en que se distribuye la energía del impacto. Las mujeres presentan una mayor predisposición a lesiones en el tórax y en la columna cervical cuando se utilizan los mismos sistemas de seguridad que fueron calibrados para cuerpos masculinos.
Este hallazgo ha reavivado el debate sobre la necesidad de desarrollar dummies de choque específicos para el sexo femenino, con el fin de diseñar cinturones y airbags que ofrezcan una protección equitativa. Los expertos coinciden en que la incorporación de datos de cuerpos femeninos en las pruebas de seguridad podría reducir considerablemente el número de lesiones graves en mujeres involucradas en accidentes de tráfico.
Paralelamente, la catedrática María Teresa Ruiz Cantero, de la Universidad de Alicante, ha recordado un antiguo mito anatómico que perduró durante siglos: la creencia de que el útero estaba conectado directamente al cerebro y podía desplazarse libremente por el cuerpo de la mujer. Aunque la ciencia moderna desmanteló esta idea hace tiempo, el mito persiste en la cultura popular y en algunos discursos pseudocientíficos.
En este contexto, el Gobierno de España ha anunciado la puesta en marcha de un ambicioso plan nacional para la investigación de la salud de la mujer. El programa contempla la creación de bases de datos específicas, el impulso a estudios sobre enfermedades que afectan predominantemente a mujeres y la revisión de los protocolos de seguridad en automóviles y otros dispositivos, con el objetivo de eliminar el sesgo de género que aún persiste en muchos ámbitos de la medicina y la ingeniería.
Sin embargo, la proliferación de bulos y timos relacionados con la salud sigue siendo un desafío importante. La periodista y enfermera Esther Gómez (@mienfermerafavorita) ha analizado algunos de los mitos más extendidos, como la confusión entre los síntomas de un infarto y los de la ansiedad, o la creencia errónea de que ciertos suplementos “naturales” pueden curar enfermedades graves sin evidencia científica. Según Gómez, la educación y la difusión de información basada en evidencia son esenciales para combatir la desinformación y proteger la salud pública.
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