Henry Moore acampa en los jardines Kew con la mayor exposición al aire libre de su obra
Cuatro décadas después de su fallecimiento, el escultor británico Henry Moore vuelve al entorno que siempre consideró el hogar natural de sus obras con Monumental Nature, la mayor exposición al aire libre dedicada a su obra.
Inaugurada en el Real Jardín Botánico de Kew, al suroeste de Londres, la muestra reúne 100 piezas, de las cuales 30 son esculturas de gran formato. Estas se distribuyen a lo largo de los 130 hectáreas del recinto, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y reconocido por su combinación de investigación botánica, conservación y arquitectura paisajista.
Figuras reclinadas
Entre los trabajos más llamativos se encuentra Large Reclining Figure, instalada junto a la Gran Pagoda de Kew. La monumental escultura blanca dialoga con la arquitectura oriental del siglo XVIII; según la luz y el ángulo, compite por protagonismo con el edificio, creando una experiencia distinta en cada visita. Las estaciones del año y el cambiante cielo londinense alteran los reflejos del bronce, intensificándose bajo la lluvia o el sol y modificando la percepción de la obra.
Las figuras reclinadas de Moore no son ni puramente abstractas ni estrictamente figurativas. En ellas confluyen anatomía y paisaje: una espalda puede evocar la ladera de una montaña, mientras una abertura central sugiere la cavidad que el mar talla en una roca. La postura semitendida, con piernas recogidas y la cabeza girada, recuerda a los “Chac‑Mool” prehispánicos que el artista descubrió en el British Museum, una influencia que perduró a lo largo de su carrera.
La exposición recupera la inquietud de Moore por dar vida a sus esculturas a través de procesos y materiales naturales —mármol, terracota, arcilla y bronce— sin intentar imitar la naturaleza, sino captar su esencia: fuerza, fragilidad, crecimiento y muerte. En 1932, el artista explicaba que sus visitas a la costa de Norfolk le inspiraron a contrastar formas pequeñas y grandes, creando una dinámica de oposición entre protuberancias y huecos.
Las piezas, inspiradas en huesos, piedras, troncos y conchas marinas, se integran en el paisaje de Kew como formaciones geológicas emergentes del propio terreno. No se agrupan como en una retrospectiva convencional; aparecen de manera gradual, casi por sorpresa, mientras los visitantes recorren senderos entre robles centenarios, bambúes y jardines mediterráneos. Algunas se alzan sobre amplias praderas, otras dialogan con los estanques y otras parecen observar desde la distancia los invernaderos de hierro y cristal construidos en la época victoriana.
Cuando Virginia Woolf visitó los jardines, describió la experiencia en su ensayo “Kew Gardens” (1921), resaltando la interacción de la luz con pétalos, piedras y agua, y la forma en que los colores se intensificaban y disipaban al compás de la brisa veraniega.
Moore nació en 1898 en Castleford, una localidad minera de Yorkshire, y creció rodeado de paisajes industriales y naturales. Desde joven mostró una fascinación casi científica por los objetos hallados en sus paseos —piedras erosionadas, raíces, huesos, conchas— que consideraba modelos de construcción formal. En sus propias palabras, “un bloque de piedra ya sugiere una forma latente”, concepto que explica la suavidad de sus curvas, la presencia de huecos y la sensación de que sus figuras han sido modeladas por la erosión a lo largo de los siglos.
Pocos artistas del siglo XX han logrado una difusión de su obra en espacios públicos de tal magnitud. Sus esculturas se encuentran en plazas, universidades, museos y edificios institucionales de todo el mundo, y muchas de ellas se han integrado tanto al entorno urbano que resultan casi invisibles, como Large Figure in a Shelter, concebida para el Parque de la Paz de Guernica poco antes de su muerte en 1986.
La muestra Monumental Nature, organizada conjuntamente por los Jardines de Kew y la Henry Moore Foundation, invita a los visitantes a alejarse de la mera observación superficial y a experimentar las esculturas como parte del paisaje, en lugar de como objetos decorativos. Como declaraba Moore en 1937, el arte contemporáneo no debe ser una evasión de la vida, sino una penetración en la realidad que revela el significado profundo de la existencia.
La exposición permanecerá abierta al público hasta el 31 de enero de 2027.
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