La fallida central nuclear de Lemóniz se reinventa: criará y producirá lenguado
La antigua central nuclear de Lemoiz, diseñada a finales de los años setenta para producir energía nuclear, quedó incompleta tras el rechazo social de la época y las graves amenazas de ETA contra la instalación y sus trabajadores. Durante más de medio siglo el complejo ha permanecido como una estructura abandonada, más símbolo de un pasado doloroso que de un futuro viable.

En los últimos diez años el Gobierno vasco comenzó a explorar alternativas para reutilizar el sitio. Hoy, el lehendakari Imanol Prados, junto a representantes de la empresa valenciana Sea Eight, anunció la reconversión de Lemoiz en una piscifactoría destinada a la cría y producción de lenguado.
Detalles del proyecto acuícola
El plan, que se financiará con una inversión pública‑privada de 170 millones de euros, comprende la adaptación de los 46 600 m² del recinto para albergar todas las fases del ciclo productivo del lenguado: eclosión, cría larvaria, engorde y preparación para la comercialización. La infraestructura incluirá edificios de hatchery, nursery y engorde, así como instalaciones de transformación, tratamiento de efluentes, logística y servicios auxiliares.
Se implantará tecnología de recirculación de agua (RAS) capaz de reutilizar hasta el 97 % del recurso hídrico, garantizando una depuración eficaz de los efluentes. Además, el proyecto incorporará un programa de I+D orientado a la mejora genética y reproductiva de la especie, en línea con los criterios ESG y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Según el gobierno vasco, la puesta en marcha de la obra principal está prevista para el año 2027, con la habilitación de las instalaciones en los dos años siguientes. Se espera que la primera producción comercial llegue al mercado en 2030, generando alrededor de 200 puestos de trabajo de alta cualificación.
El proceso de adaptación ha sido coordinado por la Sociedad pública Azpilur, que lleva a cabo la evaluación y rehabilitación de las instalaciones. Las primeras labores comenzaron en febrero con la reparación del dique exterior, un elemento clave para garantizar la operatividad del futuro complejo.
El proyecto también representa un cierre simbólico a una etapa marcada por el terrorismo. En la década de los setenta, ETA aprovechó el rechazo a la energía nuclear para amenazar la central, llegando a asesinar a dos ingenieros jefes —José María Ryan y Ángel Pascual Múgica— y a dos trabajadores de la instalación —Alberto Negro Viguera y Andrés Guerra— mediante la colocación de una bomba.
Desde 2016, tras un acuerdo entre el PNV y el PP, la titularidad del complejo se transfirió a la administración vasca, aunque la cesión definitiva no se formalizó hasta 2019, tras la moción de censura que llevó al gobierno de Pedro Sánchez al poder. Desde entonces, las autoridades autonómicas han buscado activamente empresas capaces de ejecutar un proyecto de la envergadura del nuevo parque acuícola.
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