Paloma Bravo reabre heridas de la infancia en 'Polis y cacos': "El colegio tiene un orden social en el que te colocas o colocan y es muy difícil moverse"
En la edición más reciente de Más de uno se profundiza en la novela Polis y cacos de Paloma Bravo, una obra que narra la reunión de antiguos compañeros de colegio casi treinta años después de haber dejado el aula. La iniciativa surgió cuando la ex‑estudiante considerada la más atractiva de la promoción organizó un grupo de WhatsApp para que todos pudieran compartir sus vidas, aunque muchos de los integrantes permanecieron en silencio. El objetivo de la reunión, además de reencontrarse, consistía en jugar a “polis y cacos”, un juego que despertó recuerdos, temores y rencores latentes entre los asistentes.
Una reunión que se convirtió en novela
Según Paloma Bravo, la trama se sustenta en la necesidad de “desarrollar una verdadera amistad” comprendiendo la propia identidad. “En el colegio es un espacio tan cerrado y hostil que a veces no sabes quién eres”, explicó a Carlos Alsina, quien la entrevistó para Más de uno. Para la autora, la única estrategia posible en aquel entorno era “defenderse y no quedar bajo la cena alimenticia”, una metáfora que alude a la presión de los grupos y las jerarquías.
Paloma también reflexiona sobre las “etiquetas” que se asignan en la escuela: “Cualquiera puede etiquetar a otro; siempre eres acosador de alguien y víctima de otro. Siempre hay alguien más arriba y más abajo que te impone una etiqueta”. Esta visión quedó reflejada en la novela, donde la protagonista describe la primera convocatoria del colegio como “amenazante”. Tras diez años de vacilación, una antigua compañera propuso encontrarse en un jardín y jugar a “polis y cacos”. De los veinticinco alumnos esperados, sólo siete asistieron, una muestra “muy random” que, según Bravo, hizo que la experiencia resultara “loquísima”.
La obra alterna diferentes narradores que expresan su reticencia a reunirse, describiendo los chats de WhatsApp como “refugios” donde se debate si el encuentro será una oportunidad para sentirse mejor o peor que en la infancia.
El colegio, según la autora, posee un “orden social” rígido que dificulta la movilidad de sus miembros. “Nosotros éramos cuatro hermanos, mi abuelo era profesor en ese cole, se suponía que era uno de los mejores colegios en Mrid; yo fui super infeliz. Pensaba que la culpa era mía. No había tanta atención en aquella época”, confesó Bravo, rememorando su experiencia personal.
En la novela también aparece un personaje externo que actúa como “matón” o “víctima” sin los prejuicios que marcan a los internos, ilustrando la necesidad de una perspectiva ajena para romper los patrones de violencia escolar.
Finalmente, Bravo habla de la “reconciliación” que implica relativizar los hechos del pasado: “Hay que ser misericordioso, no sé lo que les pasaba a ellos, ellos no sabían lo que me pasaba a mí. Hay que empezar con el conteo a cero, pero te pasa en casa. Llevamos 30 o 35 años fuera de casa y cuando te reúnes con tus hermanos te tratan igual que antes”.
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