PISA: la edad de la ignorancia
El último informe PISA 2025 ha colocado a España en los peores resultados de su historia en las tres áreas evaluadas: comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Desde la edición de 2015, el país ha perdido 45 puntos en lectura y un tercio de los alumnos no alcanza el nivel mínimo requerido en lectura ni en matemáticas. Estos datos confirman una tendencia negativa que, de no corregirse, podría traducirse en dificultades para la vida adulta, desde la declaración del IRPF hasta los debates parlamentarios.
En la Comunidad Valenciana, la situación es similar. El informe sitúa a la región en la parte baja de la tabla nacional en las tres disciplinas, evidenciando que los eslóganes de “tierra de innovación” y “hub inteligente” no han logrado revertir la falta de habilidades básicas en la población juvenil. A los quince años, muchos siguen sin dominar la lectura, la comprensión, el cálculo y la razonamiento necesario para la vida cotidiana.
Factores que explican el deterioro
El declive no se explica únicamente por la falta de esfuerzo de los estudiantes. La escasez de bibliotecas activas, la creciente dependencia de pantallas y la ausencia de programas educativos que fomenten la lectura y el razonamiento crítico son factores determinantes. Además, la sobrecarga de psicólogos y terapeutas con jóvenes inmersos en entornos digitales señala una falta de habilidades de autorregulación y de pensamiento analítico.
Durante años se ha confundido la protección con la educación básica, privilegiando la ausencia de frustración sobre la adquisición de competencias esenciales. Las políticas educativas, a menudo, han sustituido contenidos por “competencias” sin proporcionar los recursos necesarios, mientras que los cambios de nombre y de currículo se han convertido en medidas superficiales que no abordan el problema de fondo.
La falta de docentes motivados y bien formados, junto a la escasez de medios públicos para la educación, agrava la situación. La condescendencia hacia los alumnos y la tendencia a buscar justificaciones externas —desde la falta de afecto hasta la injusticia social— impide que se asuma la responsabilidad de mejorar la enseñanza de habilidades básicas.
Para revertir esta tendencia, es necesario reforzar la oferta de bibliotecas, impulsar programas de alfabetización y razonamiento que integren la tecnología de forma equilibrada, y garantizar la formación y el apoyo a los profesores. Solo así se podrá cerrar la brecha que ha dejado el informe PISA y preparar a las nuevas generaciones para los retos del futuro.
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