Por qué Sánchez no teme la ruptura del PNV
La actitud del Partido Nacionalista Vasco (PNV) frente a la coyuntura política española puede describirse con la metáfora del canario en la mina: anticipa el peligro antes de que este se manifieste plenamente. En su caso, los vascos buscan salir de la crisis lo menos perjudicados posible y evitar verse arrastrados por los problemas que asolan al Gobierno de Pedro Sánchez.

Más allá del bloqueo institucional, el PNV se encuentra en la cuerda floja ante el encarecimiento de las investigaciones judiciales y las crecientes dudas sobre la integridad del nuevo mandato. Entre los procesos que generan incertidumbre destacan la imputación contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por presunto tráfico de influencias, blanqueo de capitales y organización criminal en el marco del rescate de Plus Ultra; el entramado internacional de lavado de dinero investigado por la Audiencia Nacional; y los últimos registros de la Unidad Central Operativa (UCO) en la operación «Ferraz», vinculada al caso Leire. Se sospecha una red de presiones sobre fiscales, jueces, mandos policiales y periodistas que indagan en asuntos que podrían afectar al PSOE o a la SEPI.
Contexto político actual
El PNV ya mostraba críticas al Gobierno a finales del primer trimestre, sin llegar a romper la relación. Señaló la excesiva dependencia de decretos‑ley, especialmente en la reforma de pensiones, a la que calificó de “trilerismo político”. El intento de aprobar un decreto ómnibus fue visto como una derrota que obligó a la derecha a individualizar la normativa. En abril, el partido se abstuvo frente al proyecto de prórroga de alquileres impulsado por Sumar, tras su fracaso inicial. Estas críticas dejaron claro un mensaje amplio: la legislatura debe concluir, pues el PNV considera que no dispone de la mayoría necesaria para legislar con fuerza en el Congreso.
Continuar sin lograr políticas para Euskadi contraviene la lógica utilitarista del PNV. Por ello, el partido se halla atrapado entre la necesidad de mantener la alianza con el PSOE —para asegurar concesiones autonómicas y mayor autogobierno— y el riesgo de que una ruptura beneficie a la derecha, perjudicando a los intereses de Sabin Etxea. Desvincularse del Gobierno significaría perder palancas de negociación; permanecer sin distanciarse, sin embargo, podría provocar absentismo y una fuga de votantes críticos con la corrupción.
En este escenario, el presidente del PNV, Aitor Esteban, ha emitido dos pronunciamientos claros: por un lado, ha tratado de atenuar el impacto de seguir vinculado indirectamente a Sánchez, con el objetivo de preservar la estabilidad económica y evitar grietas que favorezcan al PP; por otro, busca amplificar la desmovilización de los indecisos y evitar que el electorado más nacionalista se decante por EH Bildu como alternativa.
Las próximas elecciones municipales de 2027 y las de las Juntas Generales se perfilan como pruebas decisivas. El PNV vigila de cerca a los abertzales, pese a competir en bloques opuestos. El liderazgo del partido se debate entre la fortaleza en Vizcaya y la preeminencia de EH Bildu en Guipúzcoa. La continuidad del apoyo a Sánchez genera menos fricción en Bildu que en el PNV.
En cuanto a la posible erosión del voto, el PNV considera poco probable la aparición de grietas profundas. EH Bildu, por su parte, mantiene su postura de exigir investigaciones sobre la supuesta financiación irregular del PSOE, sin que esto implique un salto inmediato hacia la figura de Arnaldo Otegi.
Los datos electorales recientes confirman la estrechez de la contienda. En las elecciones vascas de 2024, el PNV obtuvo 27 escaños, empatando con EH Bildu, con una diferencia de 2,74 puntos porcentuales. El Sociómetro Vasco sitúa al PNV en 28 escaños y una ventaja de 3,1 puntos. La encuesta Sigma Dos (El Mundo) prevé al PNV con 27‑28 representantes y un 34,7 % de los votos, con ligeros ascensos de PSE‑EE y PP que podrían perjudicar a Bildu.
En el nivel municipal, la brecha entre ambas fuerzas se reduce: en 2023, el PNV alcanzó el 31,6 % frente al 29,2 % de EH Bildu. Los líderes más valorados son Imanol Prales (EH Bildu) con un 69 % de aprobación entre sus votantes, y Pello Otxandiano (PNV) con un 43 % de aprobación entre los simpatizantes del PNV.
El reto de Esteban consiste en consolidar el apoyo de sus bases mientras mantiene una posición moderada, centrada en el eje económico y práctico, sin caer en la polarización nacionalista. Esta estrategia busca captar el voto crítico del electorado socialista que no desea acudir al PP, ofreciendo una alternativa institucional y estable.
En caso de que se produzca un “superdomingo” electoral con elecciones generales simultáneas, el PNV teme que el debate se reduzca a la dicotomía “Sánchez o gobierno con presencia de Vox”. Un voto estatal reducido podría arrastrar a los votantes vascos hacia la papeleta socialista, afectando también a las votaciones municipales y autonómicas. EH Bildu, con un electorado más rígido, no sufriría este efecto de arrastre.
En definitiva, la estrategia del PNV se basa en mantener la coherencia institucional, evitar rupturas prematuras con el PSOE y preservar su posición como garante de estabilidad en Euskadi, a la espera de que la evolución de la legislatura y la postura de Sánchez determinen el momento oportuno para cualquier cambio de ciclo.
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