Trump mete presión a Israel y a Irán para cerrar una guerra que le desangra

Donald Trump ha intensificado su actividad en Truth Social, publicando una serie de mensajes que pretenden mostrar que Estados Unidos está cerca de poner fin a la guerra en Oriente Medio, aunque el propio mandatario no admita que el conflicto le esté costando caro.

Según los últimos comunicados del presidente, ha presionado a su aliado, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, para que detenga los bombardeos en el Líbano y acepte una tregua que permita negociar directamente con el gobierno de Beirut. Al mismo tiempo, Trump ha anunciado que Irán ha decidido “abrir para siempre” el estrecho de Ormuz y que, mientras dure el alto el fuego en el Líbano, los iraníes permitirán el paso de los buques.

Desarrollo de la situación

El presidente también ha insinuado que este fin de semana podría celebrarse una reunión “fructífera” en Islamabad, y ha afirmado que ahora mantiene “una gran relación con Irán”. En su discurso, Trump asegura que la “ola económica” provocada por la guerra contra Irán ha empezado a perjudicar los intereses estadounidenses, y que, tras la presión de Netanyahu, decidió unirse a Israel en una operación militar contra Irán, creyendo que sería una intervención rápida y exitosa.

En Venezuela, Trump recuerda la captura de Nicolás Muro, y comenta que esperaba que la acción contra Irán fuera similar, subrayando la necesidad de que los israelíes conozcan a su “archienemigo”. Sin embargo, la civilización milenaria iraní no se desmanteló como un régimen latinoamericano; tras la muerte de un ayatolá, otro asumió el cargo, manteniendo la capacidad militar, aunque disminuida. Irán, por su parte, ha descubierto el poder de controlar el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 % del petróleo y gas mundial, y ha anunciado que cerrará el paso tras la colocación de minas en la zona.

Robert A. Pape, en un artículo del The New York Times, afirma que la guerra ha convertido a Irán en “un cuarto centro de poder global” que, aunque no rivaliza con EE. UU., China y Rusia, ha ganado relevancia gracias al control del estrecho de Ormuz.

Según fuentes de la CIA, se advirtió a Trump del riesgo de que Irán cerrara el estrecho, pero el mandatario no quiso escuchar, confiado en la superioridad militar de EE. UU. e Israel. La falta de voluntad estadounidense de involucrarse en una guerra prolongada y la eliminación de altos cargos iraníes, como el ayatolá Alí Jamenei, no fueron suficientes para detener al enemigo, que contó incluso con el apoyo de aliados de Hezbolá que bombardearon el norte de Israel.

Tras seis semanas de conflicto, los aliados europeos se distanciaron de la iniciativa militar estadounidense, y los socios regionales temieron represalias iraníes que encarecerían los precios del petróleo, afectando la vida cotidiana en EE. UU. Trump, asistido por Pete Hegseth, ha intentado mantener un relato triunfalista, aunque sus mensajes chocan con la realidad.

Los objetivos proclamados –la caída del régimen iraní y la aniquilación de su capacidad balística– no se han logrado. El control de Ormuz sigue en manos de Irán, y el país ha desarrollado una campaña de desinformación en redes mediante inteligencia artificial, presentando su versión de los hechos con tono de parodia.

El primer encuentro para alcanzar un acuerdo en Islamabad, celebrado hace una semana, contó con la participación del vicepresidente J.D. Vance y del ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi. La mediación de Pakistán y el empuje de China fueron decisivos para lograr un alto el fuego que expirará el 22 de abril. Aunque la tregua se mantuvo, las conversaciones no se dieron por terminadas; los iraníes afirmaron haber estado “a punto de alcanzar un acuerdo”.

Un obstáculo clave fue la postura de Israel, que se negó a incluir al Líbano en el alto el fuego, poniendo en riesgo el proceso de Islamabad. Trump obligó a Netanyahu a iniciar negociaciones directas con las autoridades libanesas; por primera vez en 34 años, ambos líderes se reunieron en Washington, y el presidente anunció un alto el fuego en el Líbano y una cumbre en la capital estadounidense.

Tras el fracaso del plan de Netanyahu, ahora le corresponde a Trump decidir los próximos pasos. El presidente reconoció haber obligado a Israel a cesar los bombardeos en el Líbano, lo que complica la posición de Netanyahu, que debe explicar por qué la guerra contra Irán no avanza y por qué se detienen los ataques a los aliados de Hezbolá. Actualmente, Hezbolá exige la retirada israelí del sur y la desmilitarización de la zona, mientras Trump espera que Irán renuncie a su programa nuclear.

Aunque Trump proyecta optimismo, persisten cuestiones delicadas: los iraníes insisten en que la apertura del estrecho de Ormuz está condicionada al alto el fuego en el Líbano y no será permanente, y no existe acuerdo sobre la cuestión nuclear. No obstante, podría existir una base para prolongar la tregua y continuar las negociaciones.

Una encuesta de Ipsos y Reuters publicada esta semana muestra que solo el 24 % de los estadounidenses considera que la guerra contra Irán ha valido la pena, según sus costos y beneficios. En este contexto, Netanyahu se convierte en el principal aliado de Trump para salir del atolladero, mientras Irán parece haber salido reforzado de la crisis.

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