Un mal dato de inflación

En julio la inflación se ubicó en el 3,6 %, el nivel más alto registrado en más de dos años. El factor predominante ha sido el alza de los precios de la energía, en un contexto marcado por la tensión en el estrecho de Ormuz.

Inflación de julio y su origen energético

El repunte de los precios del petróleo, el gas y sus derivados está estrechamente ligado a la confrontación entre Israel‑EE. UU. y Irán, que ha generado incertidumbre en los mercados internacionales y ha impulsado los costos de la energía a niveles históricamente elevados.

Desde la perspectiva de los monetaristas, encabezados por Milton Friedman, la inflación es esencialmente un fenómeno monetario. Sin embargo, en el caso actual esa visión se complementa con la realidad de un shock de oferta: el incremento de los precios de la energía, que afecta tanto a los consumidores como a las empresas.

En términos simplificados, un monetarista puro argumentaría lo siguiente:

  • La demanda de energía es relativamente inelástica, por lo que el consumo disminuye poco aun cuando los precios suben considerablemente.
  • Los hogares disponen de reservas monetarias que utilizan para mantener su nivel de consumo, lo que impide una caída de los precios de otros bienes.
  • Consecuentemente, ante un shock petrolero, la inflación tiende a incrementarse.

Los bancos centrales analizan los efectos de segunda ronda para determinar si la inflación es transitoria o si presenta rasgos de persistencia. Entre los aspectos que evalúan se encuentran:

Puntos Clave
  • Inflación en julio alcanzó 3,6 %, el nivel más alto en más de dos años, impulsada principalmente por el alza de los precios de la energía tras la tensión en el estrecho de Ormuz y el conflicto Israel‑EE. UU.‑Irán
  • Los monetaristas consideran que, aunque la inflación tiene un componente monetario, el actual shock de oferta energético, con demanda de energía relativamente inelástica, genera un aumento de precios que se traslada a la economía general
  • Los bancos centrales analizan los efectos de segunda ronda, como la presión alcista sobre
  • La posible presión alcista sobre los salarios para preservar el poder adquisitivo de los trabajadores.
  • La capacidad de las empresas, especialmente aquellas intensivas en consumo de energía, para trasladar el aumento de costos a los precios finales sin erosionar sus márgenes.

Cuando estos factores se combinan, se genera una inflación persistente, la cual, según los economistas, solo puede sostenerse si hay un aumento de la cantidad de dinero en circulación. Por ello, la afirmación de Friedman podría reformularse: “La inflación persistente es siempre un fenómeno monetario”.

El cierre parcial del estrecho de Ormuz ha tenido dos efectos contrapuestos en la economía nacional. Por un lado, la subida de los precios de la energía reduce directamente el poder de compra de los consumidores. Por otro, al ser importadores netos de petróleo, el país transfiere una mayor parte de sus rentas al exterior; en la ecuación del PIB, las importaciones se registran con signo negativo, lo que reduce la renta nacional. Para compensar este deterioro, el gasto público tiende a incrementarse, y al financiarse mediante deuda, se genera dinero adicional.

En síntesis, un shock de oferta determina los precios relativos de los bienes, mientras que la política monetaria influye en el nivel general de precios.

Los bancos centrales se preguntan si la inflación actual será duradera. Un indicador clave es la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados, componentes tradicionalmente volátiles. Esta medida alcanzó el 3 %, todavía por encima del objetivo del 2 %. Además, desde abril de 2021, salvo algunos meses, la inflación se ha mantenido por encima de la meta, lo que indica que el fenómeno comenzó antes del conflicto en Ucrania y su crisis energética.

Durante casi cinco años, los bancos centrales han tratado los repuntes inflacionistas como excepciones: primero la pandemia, luego la guerra en Ucrania y, ahora, la tensión en Ormuz. Es momento de reconocer que lo que se ha calificado como “inflación transitoria” podría ser, en realidad, estructural.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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