El Xokas humilla a los periodistas con esta brutal jugada
Una tertuliana de un programa matinal de televisión acaparó la atención el viernes por la mañana no tanto por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. Mientras escuchaba con gesto serio las opiniones de un compañero de debate, sacó discretamente su teléfono móvil, consultó la pantalla durante unos segundos y, acto seguido, repitió con precisión milimétrica un argumento que coincidía casi textualmente con el comunicado oficial del Gobierno sobre la situación ferroviaria, titulado "Desinformación y bulos sobre la situación ferroviaria". La coincidencia entre su intervención y el mensaje institucional ha generado suspicacia entre los espectadores, muchos de los cuales no dudaron en interpretarlo como una evidente manipulación del discurso público.
La credibilidad en entredicho
Los ciudadanos que utilizan servicios como Rodalies, Cercanías o alta velocidad llevan años sufriendo una degradación evidente del servicio: retrasos constantes, paradas imprevistas en mitad del trayecto y frecuencias cada vez más espaciadas. Frente a este deterioro palpable, el mensaje repetido en algunos medios —basado en cifras de inversión como los 24.100 millones de euros en los últimos cinco años— suena a vacío para quienes viven la realidad diaria del transporte ferroviario. No es extraño, entonces, que muchos espectadores que encendieron la televisión ese día para informarse hayan sentido que se les tomaba por ingenuos. La percepción de manipulación mediática crece cuando los relatos oficiales chocan con la experiencia cotidiana.
Este desencuentro entre la narrativa institucional y la percepción ciudadana ha abierto un espacio para voces alternativas, especialmente entre creadores de contenido digital que, aunque no son expertos en política o economía, conectan con audiencias jóvenes por su lenguaje directo y su postura crítica. Uno de ellos es El Xokas, streamer con millones de seguidores, que esta semana fue invitado a *El Hormiguero* y logró una de las audiencias más altas de la temporada.
Una voz incómoda que resuena
- "¿Por qué Hacienda te tiene que quitar el 30% de lo que ganas?", cuestionó durante su intervención.
- Defendió a los emprendedores: "Si generas empleo y das de comer a varias familias, deberías tener apoyo del Estado, no lo contrario".
- Denunció la sumisión de la gente al aparato estatal: "No puede ser que la gente esté totalmente sometida al Estado".
- Valoró el derecho a soñar: "Una de las cosas más bonitas que tiene un hombre es crear su propio trabajo".
El Xokas no se presenta como un analista político, sino como alguien que habla desde la experiencia y la frustración de muchos jóvenes. Su lenguaje es coloquial, a veces exagerado, pero conecta porque refleja emociones reales: rabia frente a la burocracia, escepticismo hacia las instituciones y anhelo de autonomía. Reconoce su falta de profundidad técnica —"soy un océano de conocimiento con un centímetro de profundidad"—, pero también defiende con convicción la legitimidad de su perspectiva.
Su éxito contrasta con la crisis que atraviesan los medios tradicionales. Mientras periodistas ven cómo caen sus audiencias y sus sueldos, creadores como él multiplican seguidores y ganancias. El público, cada vez más desconfiado, parece preferir la autenticidad —aunque sea cruda o imperfecta— frente al discurso pulido pero percibido como manipulado.
La trampa de la complacencia
La tertuliana del programa matinal, al igual que muchos profesionales de los medios, está atrapada en un sistema donde su empleo depende de seguir una línea editorial alineada con intereses de poder. Su hipoteca, su estabilidad, su futuro laboral están ligados a un periódico en dificultades y a un programa cuya supervivencia depende de no desentonar. Por eso repite el guion, por eso asiente cuando la presentadora aprueba su intervención con un gesto. Ambas saben que, si el Gobierno cambia, sus puestos podrían desaparecer.
En este contexto, el periodismo tradicional pierde credibilidad mientras figuras como El Xokas ganan terreno. No porque ofrezcan análisis rigurosos, sino porque no se disfrazan. Él no oculta quién es ni qué quiere. El problema no es su discurso maximalista, sino que su ira resuene tanto. Porque cuando los ciudadanos sienten que los medios les mienten, hasta los extremos suenan a verdad. Y en ese vacío, cualquiera con una voz clara y una cámara puede convertirse en portavoz de una generación entera.
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