Kate Bush la reina que enloqueció con Cumbres Borrascosas y amasó una fortuna

Mientras Hollywood insiste en nuevas adaptaciones de *Cumbres Borrascosas*, muchas de ellas cuestionadas por su fidelidad al espíritu de la novela de Emily Brontë, una figura sigue brillando con luz propia fuera del ruido promocional: Kate Bush. A diferencia de los continuos intentos cinematográficos por capturar la intensidad gótica de la obra, fue ella quien, con su canción homónima lanzada en 1978, logró plasmar como ninguna otra el alma atormentada del clásico literario. Su versión no solo fue un éxito comercial —convirtiéndose en el primer tema escrito por una mujer en alcanzar el número uno en el Reino Unido—, sino también una reinterpretación artística profundamente personal y visionaria.

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El eco etéreo de una voz única

Para muchos en España, el primer contacto con Kate Bush no fue a través de un disco, sino de un anuncio de televisión. Durante años, especialmente en Navidad, fragmentos de *Wuthering Heights* sonaron en campañas publicitarias de Lancôme. Quienes no entendían inglés escuchaban solo un "iiiiiiiiii ooooo", un lamento fantasmal que se colaba en la memoria. Justo como ella lo concibió: el espíritu de Catherine Earnshaw llamando a Heathcliff desde más allá de la muerte. Bush misma explicó que agudizó su voz para sonar como un fantasma, influenciada por una escena de la adaptación televisiva de 1967, cuya atmósfera oscura y el viento constante la marcaron profundamente, incluso antes de leer el libro.

Nacida en 1958 en las afueras de Londres, hija de un médico y una enfermera, Kate comenzó a componer a los 11 años. Su talento fue descubierto por David Gilmour, guitarrista de Pink Floyd y amigo de su hermano, quien la ayudó a firmar con EMI. Para entonces, ya tenía cientos de canciones escritas. Su debut, *The Kick Inside* (1978), incluía *Wuthering Heights* y marcó el inicio de una carrera definida por la independencia creativa. Apenas tres años después de abandonar la escuela para dedicarse a la música, ya era una estrella. Pero, a diferencia de la mayoría, Bush nunca se entregó al circuito de promoción. Con el tiempo, acumuló suficiente éxito económico como para prescindir de giras —solo hizo una, en 1979— y mantenerse alejada de los focos, sin perder nunca el control de su arte.

Influencia que trasciende generaciones

  • Su influencia llega hasta artistas contemporáneas como Rosalía, quien ha reconocido en varias ocasiones a Bush como una fuente de inspiración, especialmente en trabajos como *Reliquia*, incluida en el álbum *Motomami*.
  • La fusión entre lo divino y lo terrenal, lo sobrenatural y lo cotidiano en su música ha servido de modelo para una forma de pop autoral, compleja y altamente estilizada.
  • Un ejemplo claro es *The Sensual World* (1989), inspirada en el monólogo final de Molly Bloom en *Ulises* de James Joyce. Como no pudo obtener los derechos, escribió su propia letra; años después, en 2011, tras conseguir la autorización, regrabó la canción como *Flower of the Mountain*.

El renacimiento masivo de su música en 2022, gracias a la inclusión de *Running Up That Hill (A Deal With God)* en la serie *Stranger Things*, catapultó la canción al número uno en listas globales, 37 años después de su lanzamiento. Con más de 2.000 millones de reproducciones, su mensaje original —una reflexión sobre el amor, el entendimiento mutuo y el intercambio de roles entre géneros— resonó como nunca. “Es sobre lo que pasaría si un hombre pudiera ser una mujer y una mujer un hombre”, dijo Bush. “Tal vez así podrían comprenderse”.

Una presencia silenciosa, pero constante

Contrario a la imagen de reclusa que a veces se le atribuye, Kate Bush nunca ha dejado de crear. Vive en la costa de Devon con su marido, Danny McIntosh, y su hijo Bertie, quien también es músico. Hace apenas unos años, compuso la banda sonora de un cortometraje animado para recaudar fondos para niños ucranianos. A lo largo de su carrera ha publicado una decena de álbumes, cada uno con una identidad singular, desde el pop experimental hasta la introspección lírica más profunda.

Su legado, lejos de depender de apariciones mediáticas, se sostiene en la calidad atemporal de su obra. Basta escuchar *Hounds of Love* (1985), un disco considerado una obra maestra, para entender por qué su influencia sigue intacta. Y si la nueva adaptación de *Cumbres Borrascosas* firmada por Emerald Fennell —con Margot Robbie y Jacob Elordi— decepciona por su falta de química, siempre queda el consuelo de los dos icónicos videoclips de Bush: uno en blanco, en interiores teatrales; otro en rojo, sobre colinas verdes. Ambos coreografiados por Lindsay Kemp, mentor también de David Bowie, donde su movimiento hipnótico, su belleza y misterio parecen congelar el tiempo. Como la novela de Brontë, Kate Bush es inmortal.

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