La librería que sobrevivió 50 años contra todo pronóstico

En pleno otoño de 1975, abrir una librería con el nombre del poeta comunista exiliado Rafael Alberti era mucho más que una decisión comercial: era un acto de resistencia. Ubicada en un momento histórico convulso, apenas dieciocho días antes de la muerte de Franco, la librería Rafael Alberti se convirtió desde su apertura, el 2 de noviembre, en un símbolo de libertad cultural y pensamiento crítico. Sus primeros pasos estuvieron marcados por el acoso, las amenazas y ataques de grupos de extrema derecha, que veían en su existencia una provocación. “Tuvieron cinco atentados en un mes que llevaba abierta”, recuerda Lola Larumbe, socia de la librería desde 1979. “Disparos, intentos de incendio con gasolina por debajo de la puerta, acoso constante a los trabajadores… Salir de la tienda era un acto de coraje”.

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Un legado de resistencia y pasión por los libros

El proyecto fue impulsado por Enrique Lagunero, con el apoyo económico de su hermano Teodulfo, destacado militante comunista y figura clave en la incómoda pero histórica entrada de Santiago Carrillo a España disfrazado con una peluca. Aquella librería no solo vendía libros; era un centro de convergencia para quienes ansiaban un país distinto. Años después, cuando Lola Larumbe y sus amigos buscaban un lugar para montar su propia librería en Chueca, fue el cartel de “Cerrado” en la puerta de la Alberti lo que cambió sus planes. “No os vendo el mobiliario, pero si queréis, os la traspaso”, les dijo Lagunero. Así, el espíritu de la librería se reactivó, con nuevas manos y el mismo compromiso.

Los inicios como cooperativa fueron duros. En Navidad de 1979, los tres socios, junto a sus familias, empaquetaban regalos entre risas y cansancio. “Estábamos llenos de amigos, de gente que volvía a encontrarse con la Alberti. Cobrábamos, envolvíamos, todo entre todos. Fueron años muy bonitos, aunque casi no ganábamos dinero. Todo se reinvertía en libros”.

Supervivencia y transformación

  • En las décadas siguientes, la librería supo adaptarse a los tiempos, ampliando su propuesta más allá de la mera venta: clubes de lectura, talleres infantiles, actividades de teatro y encuentros con autores se convirtieron en pilares fundamentales.
  • La crisis económica de 2012-2013 puso a muchas librerías al borde del colapso, pero la Alberti resistió, apostando por la comunidad lectora y el vínculo humano con los clientes.
  • A la amenaza del libro electrónico, que muchos auguraban como el fin del libro impreso, respondió con una realidad inesperada: tras la pandemia, hubo un renacer del interés por la lectura, especialmente en formato físico.

“La pandemia nos acercó aún más a nuestra comunidad. Empezamos a conectar por redes sociales, a mantener viva la conversación con lectores. Y cuando volvimos, notamos una vuelta potente al libro, al papel, a la experiencia de venir a la librería, escuchar a un autor, participar en un club. Nosotros siempre estuvimos en esa línea”, afirma Larumbe.

Un catálogo fiel a los lectores, no a las modas

Lo que hace diferente a la Rafael Alberti es su enfoque editorial. Mientras las grandes cadenas centran sus mesas en bestsellers rotativos, en esta librería los títulos que sostienen el negocio son otros: obras como *El infinito en un junco*, *Patria* de Aramburu, libros de Rosa Montero, Julia Navarro o Pura Rivas. “Cuando miramos las listas de más vendidos de los medios, no coinciden con las nuestras. Ahí arriba hay libros que vendemos poco, que no son los que nos dan de comer. Nosotros vivimos de los buenos libros”.

Este año, la librería celebra sus 50 años con las jornadas *Una historia de amistad y lectura en libertad*, un homenaje al largo camino recorrido. Del 27 al 28 de noviembre, autores como Bernardo Atxaga, Rosa Montero, Luis Landero, Marta Sanz, Laura Fernández, Raquel Peláez y Julia Navarro compartirán palabras, recuerdos y libros con los lectores que han hecho posible este milagro editorial: seguir viva, libre e independiente en un mundo que cambia sin piedad.

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