La libertad duele pero esto te dirá por qué vale la pena esperar

Este 14 de noviembre, durante una jornada celebrada en el Congreso de los Diputados bajo el título “Del Sahara Español al Sahara Occidental”, la activista saharaui Najla Mohamedlamin pronunció una elocuente intervención conmemorando los 50 años del abandono del Sáhara por parte de España. Originaria de los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, Mohamedlamin narró su historia personal con profunda contundencia, recordando cómo el pueblo saharaui fue despojado de su derecho a la autodeterminación tras un acuerdo que abrió las puertas a la ocupación marroquí.

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Medio siglo de exilio y resistencia

Nacida y criada en los campos de refugiados, Mohamedlamin es hija de una mujer que llegó allí con solo seis años y que hoy, ya como abuela, continúa viviendo en esas mismas condiciones precarias. Al igual que cientos de miles de saharauis, depende de la ayuda humanitaria y soporta un entorno extremo: temperaturas que superan los 50 grados, tormentas de arena y lluvias intensas que destruyen sus viviendas. A pesar de ello, destacó el espíritu de resistencia colectiva que ha mantenido viva la comunidad durante cinco décadas.

“Han pasado 50 años desde que España nos abandonó —dijo—, tiempo que no solo representa el dolor del exilio, sino también un testimonio de perseverancia, esperanza y paciencia.” Mohamedlamin enfatizó que, en lugar de caer en la desesperanza, el pueblo saharaui ha construido una nación en el exilio, ha formado generaciones educadas y ha fortalecido familias y comunidades. En particular, resaltó el papel fundamental de las mujeres, que han sido el eje de la supervivencia en los campamentos, así como el compromiso de los hombres con la paz y la negociación.

La traición del derecho internacional

La activista denunció con claridad la complicidad europea, especialmente de España y Francia, en el silenciamiento del conflicto. Acusó a estos países de enterrar la lucha saharaui bajo intereses económicos y geopolíticos que han permitido a Europa prosperar mientras el pueblo saharaui paga el precio de esa estabilidad. “Durante 50 años, hemos pagado para que los ciudadanos europeos puedan comer pescado de nuestras costas, tomates del desierto y dormir tranquilos creyendo que sus fronteras están seguras”, afirmó.

Destacó además la contradicción de gobiernos que apoyan el respeto al derecho internacional en otros conflictos, como el de Palestina, pero lo incumplen con total impunidad en el caso del Sáhara Occidental. Especialmente fue crítica con España, a quien recordó su responsabilidad histórica y moral. “Tiene el poder —dijo—, pero sobre todo tiene la obligación de corregir sus errores del pasado.”

El plan de autonomía y la necesidad de un referéndum justo

  • Marruecos ha promovido durante años su propuesta de autonomía, respaldada recientemente por ciertos sectores internacionales, incluido Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump.
  • El Consejo de Seguridad de la ONU, con apoyo de varios países europeos, ha comenzado a tratar este plan como una solución “realista y creíble”.
  • Las y los saharauis, por su parte, exigen un referéndum de autodeterminación con tres opciones: independencia, autonomía o integración en Marruecos.
  • Najla Mohamedlamin expresó que solo aceptaría la autonomía si fuera el resultado de un referéndum libre, justo y supervisado internacionalmente.

“Cualquiera que sea el resultado —remarcó—, el pueblo saharaui debe ser el único que decida su futuro. Eso es el derecho internacional.” Hizo alusión a la resolución 1514 de la Asamblea General de la ONU, que establece el derecho de todos los pueblos a la libre determinación, y advirtió que debilitar este principio en el Sáhara pone en riesgo el orden internacional en su conjunto.

Una llamada urgente a la justicia global

Desde su experiencia, Mohamedlamin lanzó una advertencia poderosa: cada vez que los países ricos ignoran la injusticia en lugares lejanos, socavan la base de un mundo justo y seguro. Citó a Martin Luther King al señalar que “la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes.”

Pese al desencanto con las instituciones internacionales, conserva la esperanza en la resistencia del pueblo saharaui. No confía plenamente en España ni en Europa, sino en el coraje colectivo de su gente, en las generaciones que resistieron genocidios, torturas y ocupaciones no visibilizadas. “Resistiremos hasta el final —afirmó—, con la cabeza alta y corazones llenos de una esperanza que los políticos no entienden.”

La activista concluyó con un llamado a la acción: no se trata solo de una lucha saharaui, sino de una batalla por un mundo regido por el derecho y la dignidad. “Este conflicto —dijo— no es solo nuestro. Es una prueba del orden internacional. Y si fallamos aquí, todos perderemos.”

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