Ussía el último juglar que nadie se esperaba

Hace ya casi medio siglo que Alfonso Ussía irrumpió en el panorama cultural y periodístico español con una voz única, irónica y desafiante, cuya primera muestra fue *Coplas, canciones y sonetos para antes de una guerra* (1979). Entonces, Álvaro Cunqueiro no dudó en vaticinar que aquellos versos satíricos serían clave para entender una década fundamental en la historia de España. No se equivocó: más aún, subestimó el alcance que tendría la obra temprana de Ussía, que hoy aparece como un testimonio incómodo pero imprescindible para desentrañar los entresijos de la Transición y los años posteriores.

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Un cronista incómodo del poder

Los cuatro primeros libros de Ussía —además del citado, *Fustazos y caricias*, *Golfos, Gafes y gorrones* y *Sin acritud*— no fueron solo ejercicios literarios, sino crónicas agudas de una época. Compilaciones de sus colaboraciones en medios como ABC, Sábado Gráfico o Antena 3 Radio, estos volúmenes se erigieron en contrahegemonía frente al relato oficial de la democracia, especialmente frente a las leyes de memoria histórica promovidas durante los gobiernos socialistas de Zapatero y Pedro Sánchez, y toleradas en silencio por Rajoy.

Desde el principio, su tono incisivo generó comparaciones: Cunqueiro lo emparentó con Mingo Revulgo y Quevedo; Manuel Martín Ferrand lo situó en la estela de Cavia o Luis de Tapia. Pero Ussía rechazaba con ironía cualquier parangón, definiéndose en su poema *Quién no soy* como un mero «juglar coplero» que satiriza «un país tan loco». Con ironía, reconocía no tener la prosapia ni el genio de sus antecesores, pero sí la tenacidad de escribir «como una bestia», con crudeza y sin concesiones.

La independencia como riesgo

Su independencia le costó caras. Fue denunciado en varias ocasiones, incluso condenado por su verbo ácido, como cuando arremetió contra el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, al que acusó de rendirse a intereses soviéticos. Su poesía no perdonaba, y su lista de objetivos era extensa: desde monseñor Setién —a quien tildó de «obisparra»— hasta figuras mediáticas como Mercedes Milá, a la que retrató con mordacidad: «Yo digo lo que me digan, ‘Viva Andrópov, muera Reagan’ si cobro, lo mismo da / soy la flor del sandinismo y el polen del socialismo».

  • Fue expulsado de la COPE en 1990 por un poema contra Setién.
  • En 2004, ABC, donde llevaba 22 años, se negó a publicar su artículo *Y ahora, el cerdo*, que atacaba al nacionalismo vasco; el texto terminó en *La Razón*, donde escribiría durante 16 años más.
  • Recibió amenazas graves que lo obligaron a llevar escolta durante más de dos décadas.

La denuncia del 'poder oculto'

Desde los años 80, Ussía alertó sobre la complicidad entre el PNV y ETA —antes de que este vínculo fuera tema de debate público—, llegando a escribir que el PNV era «la ETA moderada», o «Modorreta». También cuestionó el papel del Athletic de Bilbao cuando su capitán era el portero José Ángel Iríbar, vinculado simbólicamente al entorno de ETA. En artículos y viñetas recopilados más tarde en *Patriotas osos* (2001), junto a Antonio Mingote, Ussía trazó una línea clara contra el nacionalismo vasco y su avance progresivo, impulsado con la pasividad o complicidad de los gobiernos del PSOE.

Su crítica no se detenía ante las instituciones mediáticas. A *El País* lo definía como el «Boletín Oficial del Esto», un diario subjetivo, «depredador activo de toda ecuanimidad», al servicio del poder progresista. A TVE la describía como un espacio de nepotismo y censura, donde «si no eres del partido, eres del montón», y donde figuras como Guerra mantenían su jardín cuidado por periodistas afines.

Figuras en el punto de mira

Sus versos retrataban con precisión a los intelectuales y comunicadores de la época. De Fernando Savater decía que su «amor al poder feliz / es en él sublime droga», y lo acusaba de adaptarse a la moda del momento. De Rosa María Mateo, designada ministrora única de RTVE por decreto, escribió sobre su admiración extática hacia Fidel Castro, pero también ironizó sobre su olvido: no preguntarle al dictador «qué número aproximado de cubanos sufre presidio prolongo / por no ser de su opinión».

Si hoy se reeditaran aquellos libros, el lector contemporáneo descubriría no solo su valor histórico, sino también su actualidad: muchos de los personajes y dinámicas que Ussía denunció siguen vigentes. Su escritura, indómita y desacomplejida, sigue desafiando relatos hegemónicos y poniendo en evidencia los engranajes del poder, el clientelismo y la opacidad mediática. Con ironía, pero también con coraje, Ussía no solo escribió poesía: escribió verdad.

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