Canarias Ceuta y Melilla el secreto que Marruecos no quiere que sepas

La XIII Reunión de Alto Nivel (RAN) entre España y Marruecos, celebrada en Rabat, concluyó con una veintena de acuerdos y el habitual repertorio diplomático de elogios hacia una relación bilateral calificada como “ejemplar” y “extraordinaria” por parte del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Tras más de tres años del giro unilateral del Gobierno español en el conflicto del Sáhara Occidental, la declaración conjunta reiteró compromisos ya conocidos: diálogo permanente, respeto mutuo, ausencia de acciones unilaterales y cumplimiento de acuerdos. Sin embargo, entre el discurso institucional y la realidad en los territorios fronterizos, la brecha se agranda cada vez más.

La brecha entre la diplomacia y la frontera
En la práctica, especialmente en Canarias, Ceuta y Melilla, los compromisos se han quedado en papel mojado. Estos territorios, estratégicos para España y la Unión Europea, viven con frustración las consecuencias de lo que consideran incumplimientos sistemáticos por parte de Marruecos. A pesar de que en 2023 el entonces presidente del Senado marroquí, Enaam Mayara, calificara Ceuta y Melilla como “ciudades ocupadas”, Rabat mantiene en sus discursos oficiales y medios una retórica que no solo preserva, sino que alimenta la reivindicación territorial sobre ambos enclaves.
“España y Marruecos somos países vecinos, amigos y socios”, reiteró Albares tras una cumbre que careció de rueda de prensa conjunta, declaración institucional y participación de los ministros del partido Sumar, y que duró menos de tres horas. Pero mientras los líderes firman acuerdos, en Melilla la uana comercial permanece cerrada desde 2018, con reaperturas parciales y más simbólicas que funcionales. Fátima Mohatar, portavoz del Gobierno de Melilla, denunció que las promesas de reapertura han sido “intermitentes, deficitarias, incompletas e irreales”, y que la población local ha sido víctima de “una tomadura de pelo”.
Asimetrías comerciales y maltrato institucional
- El régimen de viajeros, única vía de intercambio actual, funciona solo en sentido Marruecos-España.
- Los ciudadanos marroquíes que intentan entrar en Melilla para comprar son sometidos a constantes registros, hostigamientos y requisas por parte de las autoridades marroquíes.
- Las colas en el paso de Beni-Enzar alcanzan hasta diez horas, convirtiendo la frontera en un quebradero de dolores diario.
- Las empresas aseguran que no han visto ningún beneficio tras la XIII RAN, ni siquiera la circulación mínima de camiones comerciales.
En Ceuta, a pesar de que su gobierno local calificó la reapertura parcial de la uana como un “hito histórico”, empresarios como Enrique Alcoba, presidente de la Confederación Melillense de Empresarios, la califican de burla: “Decir que la uana está operativa es una falta de respeto hacia Ceuta y Melilla”. Para Alcoba, sin reciprocidad, España debería tener el coraje de suspender el régimen de tránsito o cerrar también las entradas desde Marruecos. Critica además que, a pesar de ser puertas europeas del sur, estos territorios nunca hayan tenido representación directa en ninguna RAN.
Canarias: soberanía en tensión
En el archipiélago canario, las preocupaciones giran en torno a tres ejes: la delimitación marítima, la explotación de recursos estratégicos y la presión migratoria. Marruecos aprobó en 2019 leyes que ampliaban sus aguas frente al Sáhara, solapándose con zonas de interés canario. El presidente regional, Fernando Clavijo, expresó su malestar por no haber sido convocado a una cumbre en la que, inevitablemente, se trataron asuntos que afectan directamente al archipiélago. Tras una llamada del ministro Albares, este aseguró que “no se han tratado asuntos que afecten a Canarias, ni directa ni indirectamente”, lo que no ha calmado las inquietudes en Santa Cruz de Tenerife.
Clavijo insistió en que Canarias debe estar presente en este tipo de encuentros, al amparo del Estatuto de Autonomía y la agenda regional. “Seguiremos hablando para evitar situaciones similares en el futuro”, subrayó en redes sociales. Mientras, los sectores pesquero y energético mantienen la alerta, temiendo que avances técnicos en exploración marina sean obstaculizados por intereses marroquíes.
Cooperación migratoria con doble rasero
La declaración conjunta celebró la cooperación migratoria como un “modelo internacional” con un “enfoque ejemplar”. Sin embargo, los datos muestran una realidad selectiva: mientras Marruecos frena las rutas hacia la península y Canarias, permite un flujo creciente hacia Ceuta y Melilla. En lo que va de año, se ha registrado un 46,2 % más de entradas por vía terrestre en comparación con el mismo periodo de 2024. En Melilla, el incremento es del 219,8 %: 3.559 personas frente a las 2.435 del año anterior.
Este patrón alimenta la sensación de que Marruecos utiliza la migración como herramienta de presión en momentos clave, especialmente cuando se negocian cuestiones sensibles. Mientras se firman acuerdos y se reparten elogios entre ministros, en las calles de Ceuta y Melilla se vive una asfixia económica progresiva, y en Canarias crece la preocupación por un expansionismo silencioso que no se detiene en el Sáhara.
Para los habitantes de estos territorios, la solidez anunciada en Rabat no se siente en el suelo, sino como una promesa incumplida tras otra. Demandan que la relación bilateral no se construya sobre su silenciamiento, ni a costa de su derechos, su economía ni su soberanía. Tres años después del giro diplomático español en el Sáhara, la frontera sigue siendo, más que un punto de encuentro, un campo de presión donde las palabras oficiales chocan con la dura realidad del día a día.

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