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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reafirmado durante la cumbre celebrada en La Moncloa con el primer ministro marroquí, Aziz Akhannouch, el apoyo de España a la propuesta de autonomía para el Sáhara Occidental bajo soberanía marroquí. Este respaldo, considerado un nuevo acercamiento diplomático frente a posturas anteriores, ha generado reacciones encontradas tanto en el ámbito nacional como internacional. Mientras Marruecos celebra el avance en sus relaciones bilaterales, colectivos saharauis, partidos políticos de izquierda y organizaciones civiles han expresado su rechazo por considerar que supone una cesión frente al "chantaje" del vecino del norte.

Relaciones tensas y críticas al secretismo de la cumbre
La cumbre exprés, celebrada con honores militares para Akhannouch, ha estado envuelta en una inusual opacidad que ha activado las alarmas entre organismos como la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), que han calificado de “inaceptable” la falta de acceso a la información. La ausencia de ruedas de prensa conjuntas y el control estricto de los detalles oficiales han alimentado las sospechas sobre acuerdos no revelados.
Paralelamente, en Canarias existe una creciente inquietud por lo que algunos interpretan como un "apetito expansionista" de Marruecos, particularmente en temas de pesca, migración y soberanía territorial. De hecho, líderes independentistas como Tesh Sidi, representante de Sumar, han denunciado que ni Sánchez ni el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, informan a los grupos parlamentarios sobre los avances de estas conversaciones: “Si España hace alguna concesión, nos enteraremos por Marruecos”.
Reacciones políticas y sociales
- Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno, contraprogramó simbólicamente la cumbre recitando en Instagram un poema saharaui: “No cederemos ni un centímetro de tierra”, una clara señal de distancia respecto a la postura oficial.
- El Polisario ha respondido con contundencia: “La respuesta de España al chantaje de Marruecos no puede ser la cesión permanente”.
- Desde el PSOE, internamente crece la tensión, especialmente entre las feministas del partido, indignadas por el manejo del caso de presunto acoso sexual contra el secretario del PSOE de Torremolinos, mientras la Fiscalía ya ha abierto diligencias.
Fuera del escenario diplomático, Aziz Akhannouch, recibido con honores en Madrid, no está exento de polémica en su país: enfrenta acusaciones de corrupción y ha concentrado poder en su partido y gobierno, lo que añade un matiz complejo a su figura durante la visita de Estado.
Mientras económicos advierten de que España podría perder hasta 22.500 millones de euros si no acelera la justificación de los fondos europeos, el debate interno sobre el manejo del poder sigue latente. Juan Carlos I, desde sus memorias, ha lanzado dardos simbólicos contra Sánchez: “En lugar de proteger el Estado lo debilitan”, una frase que resuena en medio del clima de polarización.
En el ámbito interno, los sindicatos rechazan la propuesta de Telefónica de reducir solo un 5% la afectación del ERE en tres filiales, mientras la Justicia comienza a obligar al Estado a asumir el 80% de los préstamos ICO-COVID impagados, un escenario que podría tener un impacto presupuestario creciente.
Entre tanta tensión, la política española también vive la carrera previa a las autonómicas en Extremadura, donde tanto Feijóo como Abascal intensifican sus apariciones, con más de 2.300 kilómetros recorridos y actos casi diarios. Abascal, según analistas, ya espera a Feijóo “como un pistolero a otro”, en una competencia directa por el voto antisanchista.
La cumbre con Marruecos, breve pero intensa en consecuencias, deja tras de sí una estela de decisiones poco transparentes, tensiones diplomáticas no resueltas y un mapa político interno cada vez más fragmentado.

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