250 años de la independencia de EEUU: ¿cuándo dejará España de depender de su tecnología militar?
El 4 de julio se cumplen 250 años de la Declaración de Independencia de las 13 colonias que dieron origen a los Estados Unidos. En aquel momento, España jugó un papel relevante en el proceso que condujo a la primera democracia del mundo: apoyó a los insurgentes enviando armas y pólvora a través del río Misisipi, abrió un segundo frente contra Gran Bretaña en el Golfo de México y el Caribe, y, aunque Francia aportó tropas y recursos, España también entró en guerra contra el Reino Unido.

Hoy la relación se ha invertido: son los Estados Unidos los que suministran a España tecnología militar de última generación.
El plan de rearme europeo y la dependencia tecnológica
La amenaza rusa y la retórica de Donald Trump, quien en varias ocasiones amenazó con abandonar la OTAN si los aliados europeos no incrementaban su gasto militar, impulsaron el llamado “plan de rearme europeo”. En 2025 España lanzó decenas de programas militares que sumaron aproximadamente 34.000 millones de euros, con el objetivo de alcanzar el 2 % del PIB destinado a defensa. El objetivo era, simultáneamente, reforzar la capacidad militar del país y dinamizar la industria nacional mediante préstamos del Ministerio de Industria y Turismo.
La mayor parte de los contratos se adjudicaron a empresas españolas y europeas, entre ellas:
- Airbus (el gobierno posee un 4 % de participación).
- Indra (28 % de participación del Estado).
- Navantia (propiedad total del Estado).
- Escribano Mechanical & Engineering (EM&E).
- Telefónica.
Esta estrategia pretendía “lubricar” la producción nacional y consolidar la industria de defensa española. Sin embargo, la independencia tecnológica frente a Estados Unidos sigue siendo un objetivo lejano. Juanjo Rodríguez, responsable de desarrollo de negocio en el sector defensa, comenta que “utópicamente sería ideal ser independientes, pero es realmente complicado”. El informe “El camino a una Europa más autónoma: propuestas para reducir su dependencia militar y tecnológica” subraya que Europa mantiene diferencias abismales con los Estados Unidos en materia de tecnología militar, lo que hace indispensable el apoyo estadounidense en conflictos de gran escala.
Ejemplos recientes son la dependencia de los sistemas antimisiles Patriot en Ucrania y en la defensa de Turquía contra misiles iraníes. Además, la heterogeneidad de la industria militar europea contrasta con la homogeneidad del sector de defensa estadounidense, cuyas Fuerzas Armadas son reconocibles en todo el territorio nacional.
Estados Unidos sigue siendo el mayor inversor en defensa a nivel mundial, con un gasto superior a 997.000 millones de dólares, mientras que la Unión Europea, en conjunto, alcanza alrededor de 458.000 millones de dólares. Según Fernández, “es muy complicado ser independientes con las inversiones que tenemos”. No se trata solo de presupuestos, sino también de capacidades: mientras EE. UU. cuenta con una plataforma única para sus tanques, Europa dispone de hasta catorce modelos diferentes.
Para lograr una autonomía real, el informe indica que Europa necesitaría al menos una década de rearme y reformas políticas en la industria militar. Fernández añade que “no podemos ser independientes de EE. UU., o si queremos serlo, debemos invertir de forma ordenada y gestionar de manera conjunta la defensa”. La iniciativa de buscar autonomía estratégica europea se vio estimulada por la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca, aunque su mandato está limitado a dos períodos, lo que impide un tercer mandato en 2028. En España, el presidente Sánchez concluirá su legislatura en 2027 y podría presentarse a nuevas elecciones pese a los escándalos de corrupción que afectan a su gobierno y a su partido.
Los tentáculos militares de los Estados Unidos
EE. UU. es el principal exportador mundial de armas, representando el 43 % de las exportaciones globales entre 2020 y 2024, según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Esta preeminencia tecnológica dificulta los esfuerzos de los 27 países de la UE, y particularmente de España, por desvincularse de la cadena de suministro estadounidense, que abarca tierra, mar y aire.
Aunque España aspire a una “cuasi‑independencia” industrial, sus Fuerzas Armadas siguen dependiendo de la tecnología norteamericana: misiles, lanzamisiles, sistemas de detección, baterías antiaéreas, cazas y helicópteros.
Ejemplo de ello es el sistema Aegis, instalado en las cinco fragatas clase Álvaro de Bazán (F‑100). Se trata de uno de los sistemas de combate más avanzados del mundo, utilizado por solo seis ejércitos fuera de EE. UU. y presente en más de 120 buques. Gracias a Aegis, las fragatas pueden detectar y seguir más de 90 objetivos móviles para su intercepción.
Otro caso es el lanzamisiles MK‑41, capaz de lanzar diferentes tipos de armamento contra amenazas terrestres, aéreas, de superficie y submarinas. En el ámbito aéreo, la dependencia estadounidense se refleja en los aviones F‑18 Hornet, fabricados originalmente por McDonnell Douglas (hoy Boeing). España adquirió 72 de estos cazas en 1983, de los cuales 60 son monoplaza y 12 biplaza, y los incorporó a la Base de Zaragoza en 1986.
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