Cuando Juan Carlos provocó la ira de Marruecos al visitar Ceuta
El 5 de noviembre de 2007 el rey Juan Carlos I y la reina Sofía realizaron una visita oficial a la ciudad autónoma de Ceuta, acompañados por una comitiva que permaneció en el territorio durante unas cinco horas. Con ese acto se rompió una ausencia de 74 años sin la presencia de un jefe de Estado español en la zona norte de África; la última visita oficial había sido la del presidente de la República, Niceto Alcalá‑Zamora, en octubre de 1933.

Reacción de Marruecos
El gesto del monarca no pasó desapercibido en Rabat. El gobierno marroquí lo calificó de provocación y expresó su indignación a través de diversos canales oficiales. Tras la confirmación de la fecha por parte de la Casa Real, el rey Mohamed VI solicitó a su embajador en Madrid que regresara a Marruecos de forma indefinida, mientras el primer ministro del momento describía la visita como “lamentable” y contraria al espíritu de cooperación bilateral.
Desde la perspectiva de Marruecos, la presencia del rey en Ceuta vulneraba los acuerdos bilaterales alcanzados tras la crisis del islote Perejil y reforzaba la reivindicación del territorio como parte de su soberanía. En la frontera de Bab Sebta se congregaron cientos de manifestantes que protestaban contra la visita, y varios partidos políticos exigieron reabrir el debate sobre la situación de las ciudades españolas en la península africana.
A pesar del clima hostil en la cancillería marroquí, la población de Ceuta recibió a los reyes con entusiasmo. Miles de personas llenaron las calles ondeando la bandera española y aclamando a la comitiva, convirtiendo la breve estancia en una auténtica fiesta popular. En sus discursos, Juan Carlos evitó mencionar las críticas de Rabat y centró su mensaje en la convivencia pacífica, la diversidad cultural y el vínculo histórico entre la Corona y el pueblo ceutí.
La tensión diplomática tardó varios meses en disiparse. No fue hasta principios de 2008 cuando el embajador marroquí volvió a su misión en Madrid, marcando un lento retorno a la normalidad en las relaciones entre ambos países. El episodio quedó registrado como un recordatorio de la delicada balanza que sustenta la coexistencia entre España y Marruecos en torno a sus enclaves en el norte de África.
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