La final del Mundial, el otro frente de Marruecos contra España: "Sería una humillación histórica"
El proyecto que inicialmente se planteó como una iniciativa transcontinental para estrechar los lazos entre Europa y África ha pasado a convertirse en un nuevo punto de fricción en la compleja relación bilateral entre España y Marruecos. La designación de la sede de la gran final del torneo se ha consolidado como uno de los recursos preferidos de Rabat en su pulso permanente con Madrid.
Declaraciones de Fouzi Lekjaa y reacción de la FIFA
El último capítulo de esta contienda lo protagonizó el presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol y ministro delegado de Presupuesto del Gobierno, Fouzi Lekjaa, quien proclamó abiertamente, durante un acto político en Bouznika, que la final del torneo se disputará en suelo marroquí. En medio de la crisis bilateral por el asalto a Ceuta a finales de julio y a pocos meses de las elecciones legislativas que se celebrarán en el país magrebí el próximo 23 de septiembre, Lekjaa dio por sentada la adjudicación del partido decisivo al Gran Estadio Hassan II, un recinto con capacidad para 115 000 espectadores aún en construcción en las afueras de Casablanca, en la provincia de Benslimane. El dirigente marroquí aseguró ante sus seguidores que la provincia tendría el honor de acoger la final del Mundial, vinculando de manera explícita el desarrollo de la zona al próximo Ejecutivo. Sus declaraciones provocaron una rápida respuesta de la FIFA, que recordó que la decisión oficial aún no está tomada y que se anunciará en el momento oportuno.
Reacciones políticas e indignación en España
El mensaje enviado desde Rabat ha vuelto a sacudir el tablero político español. Desde la coalición Sumar, el diputado Nahuel González alertó a través de las redes sociales que fijar la final en Casablanca constituiría “una humillación histórica” para España. González instó al Gobierno a rechazar la coorganización del torneo con un país “que no respeta los derechos humanos y utiliza a personas vulnerables”, en alusión a la crisis de Ceuta.
Por su parte, el portavoz nacional del Partido Popular, Borja Sémper, criticó con dureza la falta de iniciativa del Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez, denunciando que ante las pretensiones de Rabat no hay “ni presión, ni estrategia, ni una sola gestión conocida”. Sémper afirmó que, de confirmarse los planes marroquíes, “la final no se la darían a Marruecos, se la quitarían a España”, y abogó por “replantear nuestro papel” en la organización del campeonato. Estas críticas coinciden con la postura de Alberto Núñez Feijóo, quien sostiene que la condición de anfitrión principal de España y la solvencia de recintos como el Santiago Bernabéu o el Camp Nou deberían garantizar de manera natural la cita final para el país.
Un pulso estratégico que viene de lejos
La tensión por el reparto de protagonismo entre ambas naciones no es reciente; se remonta a la candidatura tripartita anunciada junto a Portugal. En octubre de 2023, tras confirmarse la concesión del torneo, Lekjaa fue el primero en expresar públicamente la aspiración de llevar la final a Casablanca, adelantándose a los tiempos diplomáticos fijados por la FIFA.
El pulso se intensificó en el verano de 2024, cuando Marruecos presentó el diseño del Gran Estadio Hassan II. Proyecto elaborado por el estudio británico Populous e inspirado en las tradicionales carpas del desierto, el complejo fue presentado por los medios marroquíes como el estadio más grande y moderno del mundo. El arquitecto principal, Tarik Oualalou, confirmó tiempo después que la infraestructura había sido concebida expresamente para arrebatar la final a las candidaturas españolas.
El fondo de la disputa supera el ámbito meramente deportivo. Marruecos busca reforzar su estrategia de proyección exterior y consolidar la figura del rey Mohamed VI, apoyándose en el peso político de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) antes del próximo congreso de la FIFA. En agosto, The Times publicó que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, estaría negociando un acuerdo con la CAF para garantizar el respaldo de sus 54 federaciones a cambio de que el partido decisivo del torneo se dispute en Casablanca y no en Madrid o Barcelona, las dos candidatas españolas incluidas en el dossier oficial de la FIFA.
Infantino, quien ha enfrentado críticas por su intento de privatizar el torneo y la dura respuesta de la UEFA, ha demostrado en la última década una notable capacidad para trabajar con regímenes cuestionados desde el punto de vista democrático. Mientras el Gobierno y las autoridades deportivas españolas afianzan sus argumentos en la capacidad logística y las garantías de seguridad que ofrece el país, otros actores continúan empleando sus cartas en el gran juego mundial.
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