La vida cañón: En Segovia la cocina sigue siendo la misma pase lo que pase
El periodista José F. Peláez, de la sección gastronómica de La Brújula, ha dedicado su último artículo a la resistencia de la cocina segoviana frente al implacable calor del verano. A través de una crónica que combina anécdotas personales y una cuidadosa observación del entorno, el autor destaca cómo los platos tradicionales de la región siguen manteniendo su esencia, a pesar de los cambios climáticos y de la vida cotidiana.
Una tradición que se mantiene firme
Peláez describe cómo, al abrir su “cesta de picnic” y desplegar el “mantel de curas”, se encuentra con la misma variedad de sabores que ha caracterizado a Segovia durante generaciones. El cochinillo asado, los judiones de la Granja, y los torreznos de Guareña siguen siendo los protagonistas de las mesas, aunque el calor obligue a adaptar los horarios y los modos de consumo.
El autor señala que los restaurantes y bares locales han adoptado pequeñas medidas para hacer frente a las altas temperaturas: servir los platos en porciones más ligeras, ofrecer menús de verano con ingredientes frescos de la zona, y utilizar patios y terrazas con sombra para que los comensales puedan disfrutar de la gastronomía sin renunciar al confort.
Además, Peláez subraya que la identidad culinaria de Segovia no solo reside en los platos, sino también en los rituales que los acompañan. La preparación del cochinillo en hornos de leña, la cocción lenta de los judiones y la tradición de compartir una tabla de embutidos en familia son prácticas que persisten, convirtiéndose en un refugio cultural frente al ritmo acelerado del verano.
En sus palabras, “la cocina de Segovia sigue siendo la misma, pase lo que pase”. Esta afirmación refleja la convicción de que la gastronomía regional es más que una respuesta a las condiciones climáticas; es un vínculo con la historia y la comunidad que, pese a los retos estacionales, se mantiene sólido y vibrante.
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