Mar Gómez, meteoróloga: La geoingeniería contra el cambio climático es un parche, intervenir en la atmósfera es arriesgado
La meteoróloga Mar Gómez ha reunido en un solo volumen las evidencias científicas más recientes sobre el cambio climático, bajo el título implícito de “El tictac climático (Oberón)”. En su obra, la investigadora advierte que, independientemente de la postura que se adopte frente al calentamiento global, el tiempo sigue transcurriendo y sus efectos se intensifican de manera imparable.

“El tiempo avanza al mismo ritmo que las consecuencias del calentamiento global. Por mucho que intentemos desviar la mirada, el proceso no se detendrá. El cambio climático es como el propio tiempo: seguirá avanzando a menos que tomemos medidas, y aun así ya estamos sintiendo sus impactos”, declaró Gómez, quien ha compilado datos de las últimas décadas para contrarrestar la desinformación que circula en redes sociales y algunos medios.
Entrevista con la autora: diagnóstico y perspectivas
Al ser preguntada sobre la situación actual del clima, Mar Gómez respondió que los cambios están ocurriendo con una velocidad alarmante. “Empecé a escribir el libro hace dos años y, hasta su publicación, tuve que actualizar muchísima información. Eso ya nos indica algo: los cambios se están produciendo muy rápido. Se han batido numerosos récords de temperatura en poco tiempo y hemos presenciado fenómenos extremos, como la DANA en España, cuya intensidad está vinculada al aumento de vapor de agua en la atmósfera por el calentamiento global”.
Respecto a la aceleración del proceso, la meteoróloga confirmó que sí se está acelerando. “Estamos alrededor de 1,2 °C por encima de los niveles preindustriales. El objetivo era no superar 1,5 °C a mediados de siglo, pero no vamos bien encaminados, especialmente por la situación política y económica global. Es urgente reducir drásticamente los combustibles fósiles y avanzar hacia energías renovables y estilos de vida más sostenibles”.
En España, país que considera uno de los más vulnerables de la UE, los efectos se hacen cada vez más visibles: olas de calor prolongadas, lluvias torrenciales y tormentas de mayor intensidad pasan de ser una proyección futura a formar parte del día a día.
Sobre la respuesta de la sociedad, Gómez señaló que, aunque la evidencia científica es clara, la transición está marcada por dudas y limitaciones. “Se pide a los ciudadanos que cambien sus hábitos sin proporcionar siempre los medios necesarios. No todo el mundo puede permitirse un coche eléctrico; por eso es clave mejorar el transporte público y ofrecer ayudas reales. El problema es que el cambio climático se ha politizado, cuando en realidad es una cuestión científica, no ideológica”.
Cuando se le indagó acerca de la politización del tema, la meteoróloga explicó que, aunque las políticas públicas son indispensables, los intereses de grandes potencias como Estados Unidos y China, vinculados a industrias altamente contaminantes, dificultan la cooperación global necesaria para abordar la crisis.
En cuanto al próximo informe del IPCC, Gómez anticipa que será “igual o más contundente”. “Ya existe un consenso científico sólido sobre la influencia humana, los récords de temperatura y las proyecciones futuras. El nuevo informe actualizará estudios y ofrecerá una visión más clara de los desafíos que enfrentaremos a medio siglo”. Subrayó que el coste de la inacción supera con creces el de la acción, tanto en términos económicos como sociales.
Al referirse a los “puntos de no retorno”, la experta indicó que el deshielo polar es el más preocupante. “El deshielo puede alterar la circulación meridional del Atlántico (AMOC), lo que influye directamente en el clima europeo, y modificar la corriente en chorro, generando fenómenos más extremos e impredecibles”.
Sobre la relación entre los fenómenos extremos recientes y el cambio climático, Gómez confirmó que existe una conexión, aunque reconoce la complejidad del sistema. “El Mediterráneo se está calentando rápidamente, lo que intensifica las tormentas. Un aire más cálido retiene más vapor de agua, incrementando lluvias extremas y huracanes más intensos. Incluso olas de frío pueden estar vinculadas a cambios en el vórtice polar”.
El aumento de la temperatura oceánica es otro motivo de alarma. “Cada año se batallan récords de temperatura en los océanos, aparecen olas de calor marinas y la acidificación avanza. Esto afecta la biodiversidad y la economía, pues altera la distribución de especies y potencia fenómenos como El Niño, huracanes y monzones”.
En cuanto a las soluciones propuestas, la meteoróloga expresó reservas sobre la geoingeniería, considerándola un parche arriesgado: “Intervenir en la atmósfera es arriesgado, ya que un pequeño cambio puede desencadenar grandes consecuencias. Además, podría servir como excusa para seguir emitiendo en lugar de atacar la causa”.
Sobre el decrecimiento, señaló que una economía con menos producción y consumo podría ser positiva, pero “implicaría sacrificios que deben gestionarse minimizando el impacto social y económico”.
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