"'Pertur' me reconoció que tenía miedo de sus compañeros, que la paranoia se había instalado en ETA"
En el verano de 1974, Lourdes Auzmendi, de apenas 18 años, cruzó la frontera hacia el País Vasco francés para refugiarse junto a miembros de ETA que se ocultaban en territorio galés. Le aseguraron que su labor sería de apoyo, principalmente como cocinera en los cursos de formación que se impartían en algunos caseríos clandestinos. Fue allí donde conoció a Eduardo Moreno Bergaretxe, alias “Pertur”, quien impartía la parte política de dichos cursos.
El vínculo entre ambos se consolidó rápidamente; en cuestión de días surgió una relación amorosa. Pertur, apodado tras ser burlado en un bar de San Sebastián como “perturbo” por sus imitaciones del dictador, había llegado a la zona dos años antes y se había convertido en una figura clave dentro de ETA Político Militar (PM). Su objetivo era impulsar la formación política de los militantes, convencido de que el razonamiento ideológico era esencial para legitimar la lucha.
Una organización en crisis
Según relata Auzmendi, la trayectoria de Pertur dentro de ETA estuvo marcada por varios momentos críticos. Tras el atentado de la cafetería Rolando en septiembre de 1974, que dejó 13 muertos y 70 heridos, la organización vivió una profunda división entre la rama militar y la política‑militar. Pertur se mostró crítico con la violencia indiscriminada y defendió la necesidad de trasladar la lucha a la vía política, especialmente tras la muerte de Franco.
En 1976, la tensión alcanzó su punto máximo con el secuestro del empresario Ángel Berazi. Pertur, que conocía a la familia del secuestrado, intentó mediar en la negociación, pero los “berezis”, una célula de militantes “especiales” dentro de ETA, rechazaron su intervención y ordenaron su asesinato. Dos de sus integrantes, “Apala” y “Pakito”, fueron los últimos en verle con vida.
Una carta escrita doce días antes de su desaparición muestra el miedo que Pertur sentía: describía un clima de paranoia y sospechas infundidas dentro de la organización, y expresaba su deseo de abandonar la lucha armada para evitar que el grupo quedara en manos de “cuatro dementes”. El 23 de julio de 1976 salió a una cita y nunca volvió a ser visto.
Auzmendi ha buscado durante cinco décadas respuestas sobre el destino del cuerpo de Pertur. Algunas informaciones apuntaron al cementerio de Biriatou, donde se exhumaron restos sin encontrarlo. Otros rumores hablan de enterramientos en lugares no identificados, pero hasta la fecha no se ha localizado nada.
En los últimos años, la propia testimonio de Auzmendi ha sido cuestionado por antiguos compañeros, que ahora aseguran que la desaparición fue obra de fuerzas parapoliciales y niegan la implicación de los berezis. La entrevistada mantiene que la evidencia apunta claramente a estos últimos, aunque reconoce que existen lagunas en los hechos.
Reflexionando sobre su pasado, Auzmendi asegura que la decisión de integrarse a ETA estuvo motivada por el rechazo al franquismo, un régimen que describió como “un horror que nos mataba”. Sin embargo, reconoce que la organización cometió actos terribles y que, tras la muerte de Franco, la vía política –como la defendía Pertur– debía ser la única opción viable.
“Me arrepiento de haber formado parte de una organización donde ocurrieron tantas atrocidades”, dice. Desde que abandonó ETA, se ha convertido en activista contra la violencia y ha intentado contribuir a la reconstrucción de la vida democrática en el País Vasco.
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