Un psicólogo explica en Onda Cero por qué aumenta la violencia en verano: "Nos volvemos más irritables con el calor"
Diversos estudios confirman que las altas temperaturas influyen notablemente en el comportamiento humano. Más allá de los efectos físicos, el calor altera la conducta, provocando irritabilidad y, en algunos casos, conductas agresivas.
El psicólogo criminalista y profesor de la Universidad del País Vasco, César San Juan, explicó que “cuando hace mucho calor nos volvemos más irritables”. Según añadió, esta irritabilidad puede desencadenar actitudes agresivas en personas que ya presentan tendencias violentas, aumentando la probabilidad de que actúen de forma violenta durante los periodos de calor intenso.
El vínculo entre calor y delincuencia
El especialista señaló que la tasa de delincuencia tiende a subir en la temporada estival. “Si esto ocurre en una ciudad, lógicamente la tasa de delincuencia se incrementa; es un fenómeno que se estudia desde hace tiempo”, afirmó en la revista Por fin. El aumento no se debe únicamente a la irritabilidad, sino también al mayor flujo de personas en las calles, lo que intensifica el contacto entre potenciales delincuentes y víctimas.
San Juan explicó que el calor genera estrés fisiológico, lo que eleva la irritabilidad, sobre todo en poblaciones poco acostumbradas a temperaturas elevadas. Este “cóctel” de factores contribuye a que los índices de delitos violentos suban, aunque no afecta de manera uniforme a todos los tipos de crimen.
Los hallazgos indican que el calor extremo está más relacionado con delitos violentos que con el crimen organizado. En consecuencia, la violencia de género muestra un incremento significativo durante los meses más calurosos.
El periodista Ángel Moya citó al Instituto Carlos III, que llegó a la conclusión de que, por cada grado que la temperatura supera los 34 °C, el riesgo de agresión machista aumenta aproximadamente un 30 %.
Otro factor determinante es el cambio climático, que, según San Juan, “ha llegado para quedarse y seguirá intensificándose”. Por ello, las políticas de prevención del delito deben ir más allá de los aspectos sociales e incorporar el diseño urbano como herramienta de mitigación.
El experto aboga por la construcción de ciudades con materiales que reduzcan la absorción de calor y por la ampliación de espacios verdes, medidas que ayudarían a disminuir las temperaturas locales y, con ello, la presión sobre la conducta humana.
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